Sunday, October 30, 2011

Contravía: "Delitos electorales. Las regiones en riesgo"

Les comparto algunos comentarios sobre 'Delitos Electorales' en mi intervención de esta semana en el programa Contravía.

Thursday, October 20, 2011

Líderes Populistas, Democracia y Legitimidad Política

Uno de los argumentos más utilizados para legitimar abusos de poder, violaciones a los Derechos Humanos o  restricciones a las libertades básicas es el amplio margen de aceptación que tienen algunos líderes populistas. Cuando estos aparecen, diversos sectores de la sociedad están dispuestos a aceptar algunos costos en función de un bien superior, sea este progreso económico, derrota del terrorismo o redistribución de la riqueza, entre muchos otros. Paralelamente, las posiciones frente a prácticas anti-democráticas y/o personalistas también pueden ser explicadas por variables contextuales como el nivel de modernización de una sociedad, su cultura política, las orientaciones ideológicas de sus individuos, etc. 

¿Qué explica que en una región como Latinoamérica sigan apareciendo líderes personalistas a lo largo del espectro ideológico? ¿Qué determina, a su vez, la diversidad en los niveles de apoyo a los fundamentos de la democracia en los diferentes países de la región?

Dos artículos que aparecerán en el próximo número del Comparative Political Studies estudian este tema desde enfoques complementarios: el primero de ellos, de Ryan Carlin y Matthew Singer, busca identificar los perfiles de apoyo a los valores y normas intrínsecos de la democracia así como algunos de sus determinantes. El segundo, de David Doyle, se centra en el papel de la legitimidad de las instituciones políticas en el apoyo a líderes populistas de la región.

Carlin y Singer analizan las posiciones de ciudadanos de 12 países de la región frente al apoyo a prácticas democráticas. Los autores parten de cuestionar el carácter unidimensional con que usualmente se tratan estos temas –de apoyar el autoritarismo a apoyar totalmente la democracia-, y proponen que en lugar de esto se consideren múltiples dimensiones, cada una relacionada con diferentes principios básicos de la democracia.

En particular, siguiendo la definición de poliarquía de Robert Dahl, el estudio sugiere las dimensiones de debate público, participación incluyente, contrapesos al ejecutivo e instituciones y procesos. La primera recoge orientaciones hacia leyes sobre el derecho de protesta, movimientos sociales y censura por parte del gobierno; la segunda hacia la tolerancia al voto, a ocupar cargos públicos y a protestas pacíficas; la tercera es acerca de los límites al ejecutivo; y la cuarta acerca de la suspensión del legislativo o el judicial.

Un primer análisis estadístico permite a los autores identificar cinco perfiles de apoyo a la democracia; el más liberal –poliarca- consiste en posiciones más democráticas en las cuatro dimensiones; los otros cuatro perfiles rechazan o tienen posiciones ambivalentes frente a al menos una de ellas. Un resultado importante es que en el primer grupo se ubica cerca del 17% de la población, lo que indica que más del 80% impone algún límite a la democracia; adicionalmente, no aparece ningún grupo con posiciones totalmente antidemocráticas.

Pero, ¿qué determina que una persona tenga un perfil democrático frente a las otras alternativas? El estudio encuentra evidencia en favor de la hipótesis de modernización: mayores niveles de educación y mayor ingreso –comunes en sociedades más modernas- son favorables a un perfil más democrático. También se encuentra evidencia en favor de un efecto importante de la cultura política –compromiso político- en favor de perfiles más democráticos; adicionalmente, aquellos que se auto-consideran más de izquierda son más democráticos que aquellos de derecha, aunque aquellos que no se identifican con ninguna parte del espectro izquierda-derecha tienden a ser más democráticos; finalmente, quienes aprueban al presidente de turno tienden a tener perfiles que se escapan del modelo poliarca en al menos una dimensión, al igual que quienes evalúan la economía nacional como fuerte o reportan una mejora en su situación económica personal.

En el segundo trabajo mencionado, Doyle estudia la contraparte de este fenómeno para lo cual revisa algunas explicaciones tradicionales detrás del apoyo a líderes populistas como son las crisis económicas, la presencia de recursos naturales, la falta de institucionalización del sistema de partidos, y el impacto de políticas en favor de la liberalización y globalización, entre otros. Tras considerar el efecto probable de cada una de estas explicaciones, propone como hipótesis que los niveles de apoyo al populismo contemporáneo en Latinoamérica pueden ser explicados por los niveles de confianza que el público tiene hacia las instituciones tradicionales de las democracias liberales.

El argumento es sencillo: los candidatos populistas, conscientes de la insatisfacción que el electorado tiene con las instituciones políticas, se presentan como desafiantes del orden establecido y con esa estrategia consiguen el apoyo popular. De esta forma, una mayor desconfianza en las instituciones estará asociada a una mayor probabilidad de apoyo a candidatos populistas que en mayor o menor grado se consideran a sí mismos como ‘fuera del sistema’.

El autor utiliza la definición de populismo según la cual este consiste en una movilización de las masas desde arriba, por parte de líderes personalistas con un discurso en contra de algunos grupos de la élite y en defensa de un -pobremente definido- ‘pueblo’. Un criterio adicional es haber sido candidato por un partido de alto corte personalista y haber obtenido más del 20% de los votos en la primera vuelta presidencial. En este sentido, explica, a pesar de las aparentes diferencias ideológicas entre líderes como Hugo Chávez, Rafael Correa, Alberto Fujimori o Álvaro Uribe, todos entran en la misma categoría de líderes populistas.

En términos de la legitimidad de las instituciones políticas, el estudio construye un índice a partir de preguntas sobre la confianza de la ciudadanía en el Congreso, los partidos políticos y la rama judicial. Se utilizan datos a nivel nacional de 48 elecciones presidenciales en 18 países de la región desde 1996 hasta 2008.

Entre los resultados se encuentra que si bien la hipótesis de que las rentas provenientes de la extracción de recursos naturales favorecen el apoyo hacia líderes populistas, ninguna de las otras hipótesis se mantiene en pie una vez se ha controlado por el nivel de confianza en las instituciones políticas. El resultado principal del estudio es que el nivel de confianza en las instituciones es estadísticamente significativo y con el signo esperado en todas las especificaciones propuestas por el autor; asimismo, la magnitud de su efecto siempre es alta.

Lo anterior quiere decir que el principal motivo para el apoyo a líderes populistas radica en la falta de confianza en las instituciones democráticas fundamentales.

Más aún, los electores no votan únicamente como respuesta al desempeño económico de su país sino principalmente como respuesta a la confianza en sus instituciones políticas; no sorprende, entonces, que muchos candidatos populistas, una vez elegidos, adelanten profundos procesos de reformas constitucionales.

¿Qué lecciones se pueden obtener de estos resultados? Mayores niveles de ingreso y educación así como una mejor cultura política favorecen las posiciones que la ciudadanía tiene frente a diferentes valores de la democracia. No obstante, las condiciones económicas no son trascendentales al explicar el apoyo a líderes populistas; la confianza en las instituciones políticas, por el contrario, sí resulta primordial. Aquellas sociedades que perciben una deslegitimación de sus instituciones políticas son más proclives a la elección de líderes populistas, con las consecuencias en términos de abusos de poder, perpetuación en el cargo, ataques a las cortes y violaciones a derechos básicos que siguen siendo frecuentes en la región.

Resulta normal que ante la insatisfacción con las instituciones políticas el electorado busque alternativas, mientras algunos políticos, oportunistamente y presentándose como "anti-sistema", son quienes obtienen los votos. En la mayoría de los casos una vez en el poder estos políticos terminan reproduciendo prácticas antidemocráticas, con lo que el ciclo se inicia nuevamente. Está en manos de la ciudadanía la elección de políticos que, jugando dentro del sistema, favorezcan el fortalecimiento y la legitimización del mismo. Sólo así será posible romper el círculo vicioso de desinstitucionalización y populismo que tanto ha afectado a la región.

Referencias:

Carlin, R. E., & Singer, M. M. (2011). Support for Polyarchy in the Americas. Comparative Political Studies, 44(11), 1500-1526.

Doyle, D. (2011). The Legitimacy of Political Institutions: Explaining Contemporary Populism in Latin America. Comparative Political Studies, 44(11), 1447-1473.

Wednesday, October 12, 2011

Reformas Económicas, Democracia y Protestas Sociales

Protesta estudiantes chilenos. Foto: La Radio del Sur
Durante las últimas décadas Latinoamérica ha presenciado una serie de protestas frente a reformas económicas dirigidas a cambiar la estructura de funcionamiento del Estado y su relación con el mercado. Desde eventos como “el Caracazo” Venezolano en 1989, hasta las más recientes protestas estudiantiles en Chile, pasando por “las guerras del agua y el gas” en Bolivia entre 1999 y 2003, y los repetidos “cacerolazos” en Argentina, la región se ha visto convulsionada por diversos movimientos sociales con importantes consecuencias políticas y económicas.

En algunos de estos casos las protestas han propiciado la finalización de períodos de gobierno antes de la fecha pactada, un detrimento significativo en los índices de aprobación de los mandatarios por llevar a cabo cuestionadas reformas, o en otros casos la suspensión de las mismas. Sin embargo, a pesar de los ejemplos de movilizaciones como los mencionados, también se encuentran casos donde la sociedad civil se ha visto notablemente debilitada y desarticulada, al punto que pareciera que no vale la pena iniciar protestas para cambiar el orden político y económico.

¿Qué propicia estos comportamientos sociales y cuál es el patrón -si existe- que podría inducirse a partir de los múltiples casos de los países de la región? Más aún, ¿han tenido algún efecto en los resultados observados los procesos de democratización política y liberalización económica que la región vive desde hace varias décadas?

En un artículo reciente en el Political Research Quarterly, Paul Bellinger y Moisés Arce abordan estas preguntas poniendo a prueba dos hipótesis sobre movilizaciones sociales y reformas económicas y políticas. La primera, la hipótesis de desmovilización, propone que los mayores niveles de desempleo y menores estándares de calidad de vida golpean la capacidad de los individuos de actuar colectivamente, lo que pone en peligro las instituciones y organizaciones representativas tales como los sindicatos y los partidos políticos. De esta forma, una mayor liberalización económica, por medio de sus consecuencias en términos distributivos y el impacto negativo en la calidad de vida de algunos sectores, reduciría los incentivos a la acción colectiva y la formación de movimientos sociales; de acuerdo a los autores, México, Chile y Perú muestran cierta evidencia de este fenómeno.

Por otro lado, la hipótesis de repolitización argumenta que la liberalización económica en escenarios con mecanismos democráticos resulta en mayores niveles de participación y movilización. En el contexto Latinoamericano la movilización resulta de los tradicionales actores de clase, de los nuevos actores que aparecen en contra de las políticas de liberalización económica, y de protestas concentradas en territorios geográficos específicos que desencadenan protestas a nivel nacional.

Utilizando datos de 17 países de la región desde 1970 a 2003, Bellinger y Arce encuentran evidencia en favor de la hipótesis de repolitización: la interacción entre la liberalización económica y los mayores niveles democracia está asociada positivamente con el número de protestas en cada uno de estos países durante los años analizados. Es decir, la liberalización económica genera reivindicaciones que motivan la acción política; en escenarios con niveles de democracia relativamente aceptables, esto fortalece las oportunidades para las respuestas colectivas por medio de protestas.

Vale la pena enfatizar que el resultado importante aquí es el papel de la interacción entre reformas económicas y democracia en la generación de protestas. Así, los resultados del estudio indican que en ausencia de democracia, una mayor liberalización económica reduce el número de protestas –lo que coincide con la hipótesis de desmovilización; a su vez, en ausencia de reformas, mejoras en la calidad de la democracia no tienen ningún efecto sobre el número de protestas. Es la combinación de democracia y liberalización económica lo que genera un mayor número de protestas.

Descomponiendo los indicadores de democracia utilizados por los autores, se encuentra que la parte que es más responsable por los resultados encontrados es aquella relacionada con las libertades civiles. Esto indica que son precisamente las oportunidades políticas presentes en un sistema democrático lo que favorece las movilizaciones.

Las reformas económicas que se empiezan a implementar en la región a partir de finales de los ochenta han tenido consecuencias redistributivas trascendentales y han golpeado duramente a amplios sectores de la población. Mal han hecho algunos gobiernos del continente al prohibir las protestas por medio de las cuales estos sectores manifiestan su inconformismo o, lo que es lo mismo, al estigmatizar a todo aquel que se pronuncie al respecto.

Una democracia no consiste en la unanimidad frente al proyecto político y, mucho menos, en presencia de transformaciones socio-económicas que afectan a diferentes sectores de la población de forma desigual. Los Estados deben garantizar las libertades civiles para que la población tenga la oportunidad de manifestarse por medio de mecanismos democráticos, en lugar de deslegitimar cualquiera de sus demandas.

En el escenario actual de liberalización económica y con las implicaciones redistributivas que estas conllevan, la ausencia de protestas, más que ser prueba del éxito que estas representan, es un indicador claro de mecanismos coercitivos que desdicen mucho de una verdadera democracia.

Referencias
 
Bellinger, P. T., & Arce, M. (2011). Protest and Democracy in Latin America’s Market Era. Political Research Quarterly, 64(3), 688-704.

Saturday, October 8, 2011

Contravía: "Legalización del consumo de drogas"

Les comparto mis comentarios sobre el tema de la legalización en mi intervención de hoy en el programa Contravía.


Wednesday, October 5, 2011

Comentarios al Libro “Sistemas de Partidos Latinoamericanos”

La escena política a lo largo y ancho de Latinoamérica está caracterizada por candidatos que compiten por un partido y al año siguiente lo abandonan; por partidos frágiles que desaparecen luego de una derrota electoral; y por líderes carismáticos que tienen más poder que los mismos partidos a los que pertenecen. En este escenario, muchos de los partidos políticos sólo son vehículos para llegar al poder y carecen de una propuesta ideológica bien definida así como de relaciones programáticas con el electorado.

Como consecuencia de lo anterior, muchos políticos de la región han optado por adaptarse a este entorno indeseable evitando lo que consideran "el estigma de los partidos". Para lograrlo destacan las virtudes de ser candidatos independientes y de participar en movimientos personalistas, lo que a su vez contribuye a un mayor detrimento de las instituciones políticas y una mayor profundización de la crisis de los partidos.

Sin embargo, a pesar de este escenario común, existe una gran heterogeneidad en términos de los sistemas de partidos políticos en los diferentes países de la región. Así, mientras en Chile o Uruguay los políticos a lo largo del espectro ideológico ofrecen opciones que representan de forma relativamente satisfactoria a los diferentes sectores del electorado, la representación y coherencia ideológica en países como Bolivia, Ecuador o el mismo Brasil, son mucho menos estructuradas.

Los partidos políticos -fuertes y con lazos programáticos con la ciudadanía- son una condición necesaria para el sano desarrollo de la democracia. Más aún, son fundamentales en la reducción de los costos que representa para el electorado la búsqueda de información sobre los candidatos, y facilitan la respuesta ante las demandas de la ciudanía y el proceso de rendición de cuentas de los políticos a esta.

Estas consideraciones invitan a indagar acerca de los factores que favorecen una estructuración programática de los partidos políticos de la región. El libro "Sistemas de Partidos Latinoamericanos" de Herbert Kitschelt, Kirk A. Hawkins, Juan Pablo Luna, Guillermo Rosas y Elizabeth J. Zechmeister, propone algunas respuestas a este interrogante.

Los autores definen la Estructuración Programática de los Partidos (EPP) -su concepto de fondo- como aquella situación en la que existe coherencia al interior de los partidos, al tiempo que estos desarrollan lazos con el electorado a partir de sus agendas ideológicas. De esta forma, si todos, o la mayoría de los partidos relevantes buscan alcanzar el poder con base en relaciones programáticas, estaremos hablando de una estructuración programática del sistema de partidos.

Kitschelt y su equipo argumentan que la EPP es conveniente desde un punto de vista normativo ya que es la mejor alternativa frente a otros mecanismos de relación de los partidos con el electorado; ejemplos de estas alternativas son la provisión de bienes colectivos y de bienes club, al igual que las prácticas clientelistas. Pero quizás más importante que esto, la competencia programática es empíricamente factible ya que, a pesar de lo sugerido por el teorema del votante medio, una vez los partidos han definido sus perfiles programáticos, y a fin de no romper los lazos con el electorado, los cambios en sus posiciones generalmente son incrementales.

El estudio busca encontrar los determinantes de la EPP para una muestra de 12 países latinoamericanos. De acuerdo a los autores, para entender este fenómeno es más importante un enfoque de largo plazo que aquellos que favorecen explicaciones coyunturales. De hecho, justifican su aproximación argumentando que en estos temas las coyunturas críticas que se estudian en procesos históricos del tipo 'trayectoria-dependiente' suelen demorar varios años, e incluso décadas [1].

Adicionalmente, aclaran, la estructuración de los sistemas de partidos no es un proceso teleológico, sino más bien de carácter evolutivo; esto indica que los resultados observados en la actualidad de ninguna forma representan el mejor escenario posible y que, por el contrario, estos surgen de repetidas rondas de ensayo y error, así como de condiciones imprevisibles en cada etapa del proceso.

La hipótesis de este trabajo es que aquellos países caracterizados por un alto crecimiento económico antes de la segunda guerra mundial, largos períodos de competencia democrática después de 1945 e importantes divisiones históricas frente a temas 'sensibles', fueron capaces de establecer competencia programática partidista que persiste -al menos- hasta finales del siglo XX. En este sentido, los temas 'sensibles' se refieren al desarrollo de la política social en el plano económico, conflictos Estado-Iglesia, en el religioso, o posiciones frente a la democracia y el autoritarismo, en el político.

El libro procede con dos grandes secciones; la primera de ellas está dirigida al desarrollo de algunas medidas que capturen el grado de estructuración programática de los sistemas de partidos de los países de la muestra analizada. La segunda busca explicar los resultados encontrados en la primera parte y poner a prueba algunas hipótesis alternativas frente a los causales de la estructuración programática; seguido a esto se discute la relevancia de la estructuración programática. A continuación presento un recuento y discusión de cada una de estas secciones y hacia el final algunos comentarios generales sobre el texto.


Haciendo Operacional la Idea de "Estructuración Programática"

Con el propósito de cuantificar el grado de estructuración programática de los sistemas de partidos de los países de la región, los autores desarrollan técnicas innovadoras que apuntan a diferentes aspectos que capturen los componentes del concepto de Estructuración Programática de los Partidos. Así, el primer capítulo de esta sección está dedicado a identificar las dimensiones ideológicas de las legislaturas latinoamericanas y el grado en que estas dimensiones se traducen en divisiones partidistas. Se utiliza la base de datos de las Élites Parlamentarias de Latinoamérica para los años 1997 y 1998; esta base de datos incluye respuestas de congresistas latinoamericanos a múltiples preguntas de carácter social, económico, político, moral, etc. Las técnicas que se utilizan en esta sección son el análisis factorial y el análisis de función discriminante.

Se encuentra como resultado una alta heterogeneidad en torno a las principales líneas de división de los legisladores de la región. Así, mientras en Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y República Dominicana hay una clara división ideológica en torno a temas económico-distributivos, esta es ausente en Bolivia, Brasil, Costa Rica, Ecuador, Uruguay y Venezuela. En Uruguay, por ejemplo, el factor de división más importante captura aspectos relacionados con inversión extranjera, mientras que en Costa Rica este se refiere a variables de carácter moral/religioso y de derechos de minorías. Más aún, en todos los países de la muestra las variables relacionadas con temas morales y religiosos capturan importantes diferencias entre los congresistas, lo que podría entenderse como una representación de las divisiones  frente a los mismos, presentes en la sociedad.

De este análisis también resulta interesante ver cómo en varios países algunas de las dimensiones identificadas se traslapan. Por ejemplo, en Chile los temas económicos y políticos muestran una clara superposición: aquellos congresistas que favorecen posiciones consideradas como más de derecha en el plano económico (privatizaciones, negativa a control de precios y al apoyo a la creación de empleos), tienen opiniones menos favorables frente a la democracia, los partidos políticos y los derechos de las minorías.

Sin embargo, como es propio del análisis factorial, este enfoque de divisiones ideológicas no explica de qué manera estas se traducen en divisiones entre los diferentes partidos. Para analizar esto se utiliza la técnica de análisis de función discriminante donde los "grupos" propuestos son los partidos políticos. Esto reduce sustancialmente el número de dimensiones ideológicas ya que muchas de estas no se traducen en divisiones partidistas. Así por ejemplo, aunque en Argentina la dimensión religiosa es bastante divisiva entre los legisladores, esta no es suficientemente fuerte para generar divisiones entre los diferentes partidos. Esto implica que en los partidos a lo largo del espectro ideológico se encuentran opiniones religiosas de todo tipo.

Como resultado de lo anterior, el espacio ideológico-partidista queda reducido a una sola dimensión para la mayoría de los países: México y Chile aparecen como excepciones a esta regla, cada uno con dos dimensiones, mientras que Colombia no aparece con ninguna. Es decir, para el caso de esta última no hay ninguna diferenciación importante entre los partidos políticos de la muestra para la legislatura incluida en el análisis (en este caso 1994-1998).

Diferencias Semánticas, Representación Política y Cohesión Ideológica

Seguido a esto el libro explora en qué medida los conceptos de izquierda y derecha tienen sentido para los congresistas de la región. Para esto se utiliza como variable dependiente la ubicación que cada uno de ellos hace de sí mismo en el espectro ideológico, mientras las variables independientes son los factores y función discriminante encontrados previamente. En general, los conceptos de izquierda y derecha están principalmente asociados a los planos económico y religioso para los congresistas de la muestra. Sin embargo, mientras en Argentina, Chile, Costa Rica, México, República Dominicana y Uruguay los conceptos de izquierda y derecha tienen importancia substantiva -están fuertemente relacionados con posiciones tradicionalmente asociadas a ellos- en Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia y Perú, esto ocurre en mucho menor grado.

Pasando a otro tema, el texto aborda la segunda parte de la EPP, es decir, el grado en que existen lazos programáticos entre los partidos y la ciudadanía -la esencia de lo que se conoce en la literatura como representación política. Con el propósito de determinar en qué medida los partidos representan a la ciudadanía, los autores comparan respuestas de la base de datos de congresistas Latinoamericanos con respuestas de ciudadanos comunes y corrientes que aparecen en el Latinobarómetro de 1998. En este caso Chile, Uruguay y Argentina aparecen relativamente bien representados -algo similar a lo que ocurre en los análisis anteriores- mientras que México, Costa Rica y Ecuador ocupan el fondo de la tabla; los demás países ocupan posiciones intermedias.

Finalmente, el texto presenta una medida de cohesión ideológica de los partidos; esto consiste en la desviación estándar de las respuestas a varias preguntas por parte de los congresistas de cada uno de los partidos de la región. Así, encuentran un nivel de cohesión relativamente alto en Chile, Uruguay y Bolivia, mientras que Colombia aparece con el sistema de partidos menos cohesivo; de hecho, dos de los tres partidos menos cohesivos de la región -el Liberal y el Conservador- son colombianos. Adicionalmente, los autores  encuentran que los partidos de la izquierda tienden a ser más cohesivos que los de la derecha y que los partidos más cohesivos nunca han alcanzado la presidencia.


Explicando la Diversidad Encontrada: la Importancia del Largo Plazo

Pero, ¿qué explica la diversidad de resultados encontrados hasta ahora? La sección descriptiva de "Sistemas de Partidos Latinoamericanos" es en sí misma bastante enriquecedora y ofrece técnicas interesantes para hacer una aproximación cuidadosa al concepto de EPP. No obstante, desde el punto de vista del debate académico, la segunda sección del libro es mucho más ilustrativa ya que explora los determinantes de los diferentes niveles de EPP encontrados en los sistemas de partidos de la región, así como posibles mecanismos causales.

De esta forma, los autores argumentan que "la estructuración programática de los partidos encuentra sus raíces en períodos tempranos de competencia democrática e intensa lucha por el mando de la economía política de cada país" (Kitschelt, Hawkins, Luna, Rosas, y Zechmeister, 2010: 177). Para mostrar esto se desarrollan dos conceptos: capacidades y oportunidades. El primero de ellos se refiere a los recursos disponibles en un momento específico de la historia de los países de la región; en particular, el análisis se centra en el PIB per cápita en 1928 [2], con lo que se encuentra una fuerte correlación entre este y las diferentes medidas de EPP propuestas anteriormente; curiosamente, al utilizar medidas más recientes del PIB per cápita, la correlación encontrada es menor, lo cual favorece la explicación de largo plazo.

El concepto de oportunidades, por su parte, se refiere a los períodos de democracia, total o parcial, desde 1945 hasta 1998. Los datos del estudio sugieren que los países con un relativamente alto nivel de desarrollo económico crearon los incentivos para promover la organización partidista orientada a la lucha por tales recursos. Desde luego, sólo donde las condiciones políticas garantizaron la existencia y libre competencia de los partidos, se garantizó la estructuración programática de los mismos. Adicionalmente, la estructuración programática fue propiamente establecida únicamente en los países de la región donde estos dos componentes favorecieron niveles moderados de política social dentro del formato del modelo de sustitución de importaciones. En este sentido, la política social tiene un efecto amplificador de la estructuración programática generada por las capacidades y las oportunidades.

Vale la pena enfatizar que la política social, y no la intensidad en la aplicación del modelo de sustitución de importaciones, es la clave para la institucionalización de la competencia programática. Esto se debe a que a pesar de que el modelo económico favoreció la formación de partidos urbanos estructurados en torno suyo, también le otorgó a los partidos de gobierno la capacidad de asignar recursos a partir de prácticas clientelistas; como vimos antes, esto es una alternativa a la estructuración programática. Por el contrario, y tal como establecen los autores:

"la política social se convierte en 'el asunto' del conflicto político, donde los derechos civiles y políticos permiten el surgimiento de grupos de interés político bajo condiciones de desarrollo económico con industrialización y urbanización crecientes" (Kitschelt et al., 2010: 189).

Así, aparece una relación estrecha entre la importancia de los conflictos por los temas de política social, y el desarrollo de lazos programáticos entre los partidos y el electorado: cuando aquellos eran inexistentes, los políticos fomentaban relaciones clientelistas con el electorado; cuando los conflictos eran intensos y/o comunes, se facilitaba la estructuración programática.

La política social genera costos y beneficios así como beneficiarios y contribuyentes, lo que incentiva a que los diferentes grupos de la sociedad se organicen políticamente para maximizar su bienestar y, por ese camino, le quitan a los políticos la facultad de asignar beneficios a grupos específicos. Finalmente, una política social incluyente crea y mantiene amplios grupos de interés, lo que incentiva a los políticos a desarrollar estrategias programáticas que les garanticen el apoyo de los mismos. Es decir, dan prelación a estas estrategias programáticas sobre el desarrollo de lazos clientelistas.

Ahora, si la explicación que se obtiene hasta ahora en términos del papel de la política social, amplificando el efecto de las capacidades y las oportunidades es coherente, ¿qué determina cada una de las anteriores? En este punto del análisis el texto recurre a la literatura en fraccionalización etnolingüística para argumentar que, tal y como ocurre en los contextos europeo y estadounidense, aquéllas sociedades con un nivel de fraccionamiento más alto dejan un menor espacio a la política social (Alesina y Glaeser, 2006; Alesina, Baqir, y Easterly, 1999).

De esta forma, la relación extensa argumentada en el texto va del nivel de fraccionalización etnolingüística a la estructuración de los sistemas de partidos, pasando por las capacidades, oportunidades y política social de los países en cuestión. Ahora, como es claro, este argumento puede parecer un poco ambicioso, por lo cual los autores son cuidadosos en sugerir una relación causal explícita. Para poder tener resultados concluyentes en esa dirección y así poder determinar en qué medida las correlaciones encontradas entre las diferentes variables propuestas ofrecen una explicación causal de los resultados encontrados, los autores sugieren estudios del tipo 'seguimiento de procesos' [3].

Al igual que para la dimensión económica, la explicación tras la estructuración de los sistemas de partidos en torno a temas religiosos se remonta a fenómenos de largo plazo en la vida de los países de la región. En particular, el análisis se centra en las disputas de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX acerca del papel de la Iglesia Católica en el orden político.

El argumento es que en aquellos países donde el conflicto por temas de la relación entre Iglesia y Estado fue intenso o duradero tienden a tener divisiones programáticas entre los partidos que persisten hasta finales del siglo XX; Por el contrario, no aparece una clara estructuración programática en torno a la religión en aquellos países donde estos conflictos fueron débiles o se superaron de forma rápida.

Así, en Chile, México y Uruguay -los países de la región donde la división por temas religiosos es más importante- se encuentran conflictos por temas religiosos que tardarían en resolverse hasta bien entrado el siglo XX. En cambio, en los casos de Bolivia, Perú y República Dominicana- los menos estructurados en torno a la religión- nunca hubo una disputa importante por estos temas, las ideas liberales nunca se establecieron, y rápidamente el Catolicismo se declaró como religión de Estado. Contrario a lo que podría esperarse, la presencia y éxito de partidos demócrata-cristianos no están asociados con la estructuración programática en torno a la religión ya que estos partidos aparecen mucho después de que terminaran las grandes disputas frente a la relación entre Iglesia y Estado.

¿Cuál es el Papel del Corto Plazo?

Una vez los autores han mostrado evidencia en favor de su hipótesis, según la cual las capacidades y oportunidades son condiciones necesarias para la estructuración programática de los partidos, proceden a considerar hipótesis alternativas. En particular, se centran en el posible papel que juegan algunas variables de corto plazo.

Una motivación importante para hacer esto es que los casos de Brasil y México aparecen como excepciones a la explicación provista por los autores. En particular, el caso de Brasil escapa a diferentes especificaciones presentadas en el texto, lo que lleva a los autores a considerar que en casos como este el corto plazo podría ser un factor importante.

Así, se consideran como posibles variables explicativas de corto plazo la descentralización, la profesionalización del servicio civil, las leyes electorales y la relación entre los diferentes poderes del Estado. En esta sección el análisis sigue con la misma metodología utilizada previamente en términos de computar correlaciones entre las medidas de EPP y de las explicaciones propuestas. El resultado principal es que ninguna de tales correlaciones es importante en sentido estadístico, lo que lleva a los autores a descartar cada una de estas hipótesis alternativas.

Tal vez esta sección sea la más debatible del estudio ya que si bien los autores son consistentes en el uso de su metodología, sería muy enriquecedor un análisis un poco más detallado que permitiera entender conceptualmente por qué cada una de estas posibles alternativas no juega un papel fundamental en la heterogeneidad observada en la EPP. Vale la pena señalar que en esta sección Kitschelt y su equipo son cuidadosos en no establecer conclusiones finales, y más bien dejan la puerta abierta a la discusión frente a enfoques que defiendan el papel que las instituciones tienen sobre la EPP [4].

Sin embargo, señalan que al hablar de la estructuración programática de la dimensión política, el corto plazo puede llegar a ser relevante. En este sentido, las experiencias recientes con regímenes autoritarios y la intensidad de ellos, contribuyen a explicar las posiciones de los congresistas en temas como su preferencia por la democracia, elecciones, la necesidad de partidos y los derechos de las minorías. Así, aunque en los temas económicos y religiosos el largo plazo ofrece explicaciones razonables para los niveles recientes de EPP, en temas políticos puede resultar más conveniente centrar la atención en fenómenos más recientes.

Importancia de la EPP y Consideraciones a Futuro

En este punto de la discusión vale la pena indagar acerca de la importancia real de la estructuración programática de los sistemas de partidos. A fin de cuentas, conceptos relacionados, como la institucionalización de los partidos políticos, desarrollado en el gran trabajo de Mainwarig y Scully (1996), presentan a algunos países con instituciones políticas relativamente fuertes, que años más tarde presenciaron una crisis importante en su sistema de partidos. Este es el caso de Colombia y Venezuela, por ejemplo.

Así, Kitschelt y su equipo muestran un importante efecto de la EPP sobre la intensidad y las formas de participación, la estabilidad y predictibilidad de la competencia democrática, la calidad en el diseño de políticas, gobernanza, y apoyo a la democracia. De hecho, encuentran que en varios de estos casos, la EPP tiene un mejor comportamiento en términos de predicción de estas variables que lo que ofrecen variables tradicionalmente consideradas para este propósito como son el PIB per cápita o la tasa de crecimiento económico.

A pesar de esto, es importante profundizar en la discusión acerca de la estructuración programática de los partidos y lo que esto realmente significa en el ámbito netamente político. Por ejemplo, Coppedge (1997) señala algunas de las limitaciones que un sistema de partidos rígido, aunque bien estructurado, puede tener sobre la evolución de la democracia de una sociedad. De igual forma, Siavelis (2009) y Luna y Altman (2011) llaman la atención acerca de las diferencias que existen entre la política nacional y la regional, y cómo unos partidos que logran penetrar profundamente la sociedad, pueden llegar a ser nocivos para el desarrollo de la democracia.

Ahora, a futuro se esperaría que algunas de las condiciones que han sido fundamentales en la generación de la estructuración programática de los partidos en los últimos años, sean reemplazadas por fenómenos más recientes con implicaciones de largo plazo. Los autores destacan las diferentes posiciones frente al Consenso de Washington que, como ya se ha visto a lo largo de la región en las dos últimas décadas, genera por lo menos dos bloques ideológicos importantes (Levitsky y Roberts 2011; Weyland 2010).

Siguiendo con este enfoque, se logra distinguir entre los modelos de liberalismo institucional y liberalismo social, los cuales podrían continuar convirtiéndose en aspectos divisores en países que ya cuentan con cierta estructuración programática. Por el contrario, en aquellos donde ésta es débil, se puede empezar a percibir un giro de un “neosocialismo” hacia la profundización de políticas clientelistas. En ese sentido, el peso de la historia, y específicamente, las condiciones generadas por las políticas sociales en el marco del modelo de sustitución de importaciones, siguen teniendo un efecto en la estructuración programática, a pesar de que los temas que entran a jugar un papel preponderante hoy sean otros.


Comentarios Finales

El trabajo de Kitschelt y su equipo es un punto bastante alto en el estudio de los sistemas de partidos políticos de la región. Es consistente en su metodología -a pesar de las limitaciones que esto implica en algunos casos-, tiene una gran validez externa -sus métodos son aplicados a otras regiones con resultados satisfactorios, y ofrece una propuesta audaz en el estudio de los determinantes de la estructuración programática.

Adicionalmente, el libro invita a continuar su propuesta en múltiples líneas de investigación futura: análisis de casos para poner a prueba la hipótesis principal de los autores; actualización de los resultados con datos más recientes a fin de estudiar el impacto de reformas electorales y otros cambios institucionales de corto plazo; aplicación a otros contextos fuera de la muestra aquí estudiada; contraste entre los niveles nacional y sub-nacional, etc.

En fin, “Sistemas de Partidos Latinoamericanos” no solo aborda su problema de una forma muy cuidadosa y sistemática, y ofreciendo una posible respuesta, sino que abre un sinnúmero de posibilidades para que los estudiosos de estos temas continúen el camino que en él se propone.

Ahora, para aquellos interesados en el tema de los partidos políticos desde una perspectiva menos académica, el libro ofrece posibles respuestas acerca del estado actual de los sistemas de partidos de la región y permite hacer comparaciones entre los diferentes países, tanto en su situación actual como en los fenómenos históricos que la propiciaron.

Asimismo, el texto invita a la reflexión en torno a los causantes de las crisis de partidos que presenciamos a lo largo de la región, las crisis de representación, y las consecuencias que esto puede significar en términos políticos, sociales y económicos. En general, invita a pensar acerca de la importancia de un sistema de partidos fuerte, donde los ciudadanos se vean bien representados y se reduzcan los incentivos tanto a candidaturas personalistas como al desarrollo de lazos clientelistas entre políticos y electores.

"Sistemas de Partidos Latinoamericanos" es, a todas luces, un libro recomendado para los interesados en los temas de instituciones políticas, partidos políticos, política comparada y dinámicas políticas regionales.


Notas

[1] Ver, por ejemplo, (Mahoney 2002).

[2] Un año de auge tras la recuperación económica luego de la primera guerra mundial, y antes de la caída de los mercados en 1929.

[3] Ver Mahoney (2003); para aplicaciones a casos de partidos políticos de la región, ver Van Cott (2007) y Hunter (2010).

[4] Para estudios con este enfoque, ver, por ejemplo, Ames (1995, 2002).


Referencias

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