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Friday, January 13, 2012

Descentralización y Sistema Político: Brasil, Bolivia y Perú

En las últimas dos entradas de este blog comenté un par de investigaciones orientadas a entender la relación entre descentralización y políticas públicas. En ambos casos se presentan argumentos a favor de una acción centralizada a la hora de atender las necesidades de los sectores más vulnerables de la población, al igual que en situaciones de emergencia de carácter nacional.

Lejos de dar por cerrado este debate, vale la pena poner atención a otra dimensión importante en un contexto de descentralización: el sistema político. Por un lado, en procesos de transición a la democracia la descentralización se asocia a esquemas autoritarios sub-nacionales donde las élites locales buscan mantener su poder regional por medio de estrategias como la parroquialización del poder, la nacionalización de su influencia, o la monopolización de los lazos entre los diferentes niveles de gobierno (Gibson 2011). Por otro lado, normalmente se asume que la descentralización afecta negativamente la estructura de los sistemas de partidos ya que fragmenta el marco institucional de la competencia política. Es decir, en la medida en que la descentralización hace más dispersos los recursos, intereses y responsabilidades de las entidades sub-nacionales, crea incentivos para el surgimiento de partidos políticos de carácter sub-nacional. Esto, desde luego, va en detrimento de un sistema de partidos bien estructurado.

Dos investigaciones publicadas recientemente estudian algunas variables relacionadas con el sistema político en contextos de descentralización. En un artículo en el Latin American Research Review, André Borges estudia el efecto de las políticas redistributivas lideradas por el Partido de los Trabajadores (PT) sobre el poder de las élites políticas locales brasileras, que hasta entonces se habían visto fortalecidas por el proceso de descentralización. Por su parte, un artículo de Alberto Vergara en el Journal of Politics in Latin America estudia el posible efecto de la descentralización en el desempeño de los partidos políticos en Bolivia y Perú.

Borges encuentra una mayor dominación electoral de las élites territoriales en las regiones menos desarrolladas de Brasil, donde un sector más amplio de la población está empleado en el sector informal y en actividades primarias de menor productividad. Es decir, aquellas regiones donde los votantes son más dependientes del gobierno, son más propensas a escenarios de baja competencia política y al funcionamiento de las maquinarias electorales.

Sin embargo, el autor también muestra que precisamente aquellas regiones que hasta hace poco eran bastiones del clientelismo, han visto durante los últimos años una mayor competencia electoral, al tiempo que sus estructuras políticas han sido debilitadas. De acuerdo con su explicación, este debilitamiento de las élites locales se debe en buena medida al ascenso del PT y la profundización de sus políticas orientadas a los sectores menos favorecidos –en particular, el programa Bolsa Familia. La descentralización prácticamente le había otorgado un monopolio político a algunas fuerzas de centro-derecha; sin embargo, la dinámica nacional tras la llegada al poder de un partido de izquierda, mueve a la oposición a sectores previamente beneficiados por la descentralización. Esto a su vez permite que el PT utilice su nueva posición privilegiada a nivel nacional para penetrar también las regiones periféricas.

Es decir, "la experiencia de Brasil refuerza la visión de que la democratización nacional no es nunca un problema netamente local" (Borges, 2011: 40); superar los estados de autoritarismo sub-nacional, en algunos casos consolidados por procesos de descentralización, requiere la articulación de los diferentes niveles de gobierno.

Pasando al artículo que trata el tema de la descentralización y partidos políticos, Alberto Vergara cuestiona las explicaciones convencionales acerca del efecto de la descentralización sobre la coherencia del sistema de partidos. Utiliza los casos de Bolivia y Perú -que durante la última década tuvieron procesos similares de descentralización política-, para mostrar que más que las reformas institucionales de los últimos años, la coherencia del sistema de partidos se ha visto principalmente afectada por variables de carácter social: la intensidad del debate político y la existencia de una densa red de organizaciones sociales.

Así, muestra un contraste interesante entre los casos de Bolivia y Perú; en el primero, el MAS (Movimiento al Socialismo) y otros partidos menores, han logrado articular los niveles nacional y sub-nacionales de gobierno, contribuyendo a fortalecer el sistema de partidos. En Perú, por el contrario, se ha visto un progresivo debilitamiento de los partidos de carácter nacional, representado en votaciones cada vez más pobres en las elecciones regionales, y un crecimiento explosivo en el número de partidos.

Como explicación de este resultado, el autor destaca que en Bolivia los últimos años han estado marcados por un intenso debate político en torno a temas como el modelo económico, la resistencia al neoliberalismo, y los debates entre centralización y descentralización, así como entre democracia y autoritarismo; todos ellos importantes tanto a nivel nacional como sub-nacional. Perú, por el contrario, ha estado caracterizado por la ausencia de un debate ideológico que logre vincular los diferentes niveles de gobierno; si bien las posturas de Ollanta Humala en la campaña presidencial de 2006 lograron polarizar al electorado, estas no tuvieron mayores repercusiones a nivel sub-nacional; en 2011 sus posiciones fueron mucho más moderadas.

Ahora, en cuanto a la densidad de las redes sociales y políticas, Bolivia ofrece un escenario bastante dinámico, tradicionalmente caracterizado por altos niveles de organización social y movilización, donde Estado y sociedad civil han permanecido históricamente fusionados. El caso del Perú ofrece un marcado contraste: el gobierno militar de Juan Francisco Velasco Alvarado, la lucha contra Sendero Luminoso, las reformas neoliberales, y las políticas del gobierno autoritario de Alberto Fujimori han significado importantes golpes contra la sociedad civil; esto ha minado su capacidad organizativa y, por ende, el surgimiento de movimientos sociales autónomos.

Así, el autor muestra que las trayectorias históricas de movilización social, al igual que los debates ideológicos contemporáneos, son fundamentales a la hora de entender la política partidista en un escenario de descentralización; es decir, estas variables son catalizadoras del efecto de la descentralización sobre el sistema de partidos políticos.

Surgen algunas conclusiones importantes de estos dos trabajos. Primero, la importancia del contexto nacional a la hora de entender las dinámicas regionales. Tanto en el caso de las élites locales en Brasil, como en los partidos políticos en Perú y Bolivia, el grado de articulación entre los diferentes niveles de gobierno es un factor determinante en los resultados observados: mientras en Brasil y Bolivia, se observa una clara articulación, en Perú esta es mucho más débil; en los dos primeros casos hay convergencia entre los proyectos nacionales y sub-nacionales, mientras que en el último esta es cada vez menor.

Por otro lado, estas investigaciones señalan algunos de los riesgos de la descentralización política. En Perú, la dinámica histórica de la sociedad civil y del debate político han propiciado que la descentralización conduzca a un detrimento del sistema de partidos; en Brasil, hasta hace poco, la descentralización le dio beneficios monopólicos a las élites locales; la llegada de un partido de izquierda permitió iniciar la desarticulación de esas élites. Sin embargo, como muestra la experiencia colombiana durante el gobierno de Álvaro Uribe, un gobierno de derecha en un escenario de descentralización puede fortalecer aún más a las élites locales, contribuyendo al proceso de autoritarismo sub-nacional, que en este caso funcionaba en la ilegalidad.

Finalmente, y siguiendo la línea de otros estudios que han sido comentados en este blog, los casos de Bolivia y Perú en el estudio de Vergara, resaltan la importancia de los fenómenos históricos de largo plazo a la hora de entender la realidad política, social y económica contemporánea. Tal como menciona el autor, "un resultado generado por reformas institucionales no es producto de la reforma en sí misma, sino de la interacción de la reforma con el escenario social e histórico donde esta se realizó". Pensar en reformas o implementación de políticas en el vacío, no es más que un ejercicio mental sin relevancia práctica.


Referencias

Borges, André. 2011. "The Political Consequences of Center-Led Redistribution in Brazilian Federalism: The Fall of Subnational Party Machines." Latin American Research Review 46(3): 21-45.

Gibson, Edward L. 2011. "Boundary Control: Subnational Authoritarianism in Democratic Countries." World Politics 58(01): 101-132.

Vergara, Alberto. 2011. "United by Discord, Divided by Consensus: National and Sub-national Articulation in Bolivia and Peru, 2000–2010." Journal of Politics in Latin America 3(3): 65-93.

Wednesday, October 5, 2011

Comentarios al Libro “Sistemas de Partidos Latinoamericanos”

La escena política a lo largo y ancho de Latinoamérica está caracterizada por candidatos que compiten por un partido y al año siguiente lo abandonan; por partidos frágiles que desaparecen luego de una derrota electoral; y por líderes carismáticos que tienen más poder que los mismos partidos a los que pertenecen. En este escenario, muchos de los partidos políticos sólo son vehículos para llegar al poder y carecen de una propuesta ideológica bien definida así como de relaciones programáticas con el electorado.

Como consecuencia de lo anterior, muchos políticos de la región han optado por adaptarse a este entorno indeseable evitando lo que consideran "el estigma de los partidos". Para lograrlo destacan las virtudes de ser candidatos independientes y de participar en movimientos personalistas, lo que a su vez contribuye a un mayor detrimento de las instituciones políticas y una mayor profundización de la crisis de los partidos.

Sin embargo, a pesar de este escenario común, existe una gran heterogeneidad en términos de los sistemas de partidos políticos en los diferentes países de la región. Así, mientras en Chile o Uruguay los políticos a lo largo del espectro ideológico ofrecen opciones que representan de forma relativamente satisfactoria a los diferentes sectores del electorado, la representación y coherencia ideológica en países como Bolivia, Ecuador o el mismo Brasil, son mucho menos estructuradas.

Los partidos políticos -fuertes y con lazos programáticos con la ciudadanía- son una condición necesaria para el sano desarrollo de la democracia. Más aún, son fundamentales en la reducción de los costos que representa para el electorado la búsqueda de información sobre los candidatos, y facilitan la respuesta ante las demandas de la ciudanía y el proceso de rendición de cuentas de los políticos a esta.

Estas consideraciones invitan a indagar acerca de los factores que favorecen una estructuración programática de los partidos políticos de la región. El libro "Sistemas de Partidos Latinoamericanos" de Herbert Kitschelt, Kirk A. Hawkins, Juan Pablo Luna, Guillermo Rosas y Elizabeth J. Zechmeister, propone algunas respuestas a este interrogante.

Los autores definen la Estructuración Programática de los Partidos (EPP) -su concepto de fondo- como aquella situación en la que existe coherencia al interior de los partidos, al tiempo que estos desarrollan lazos con el electorado a partir de sus agendas ideológicas. De esta forma, si todos, o la mayoría de los partidos relevantes buscan alcanzar el poder con base en relaciones programáticas, estaremos hablando de una estructuración programática del sistema de partidos.

Kitschelt y su equipo argumentan que la EPP es conveniente desde un punto de vista normativo ya que es la mejor alternativa frente a otros mecanismos de relación de los partidos con el electorado; ejemplos de estas alternativas son la provisión de bienes colectivos y de bienes club, al igual que las prácticas clientelistas. Pero quizás más importante que esto, la competencia programática es empíricamente factible ya que, a pesar de lo sugerido por el teorema del votante medio, una vez los partidos han definido sus perfiles programáticos, y a fin de no romper los lazos con el electorado, los cambios en sus posiciones generalmente son incrementales.

El estudio busca encontrar los determinantes de la EPP para una muestra de 12 países latinoamericanos. De acuerdo a los autores, para entender este fenómeno es más importante un enfoque de largo plazo que aquellos que favorecen explicaciones coyunturales. De hecho, justifican su aproximación argumentando que en estos temas las coyunturas críticas que se estudian en procesos históricos del tipo 'trayectoria-dependiente' suelen demorar varios años, e incluso décadas [1].

Adicionalmente, aclaran, la estructuración de los sistemas de partidos no es un proceso teleológico, sino más bien de carácter evolutivo; esto indica que los resultados observados en la actualidad de ninguna forma representan el mejor escenario posible y que, por el contrario, estos surgen de repetidas rondas de ensayo y error, así como de condiciones imprevisibles en cada etapa del proceso.

La hipótesis de este trabajo es que aquellos países caracterizados por un alto crecimiento económico antes de la segunda guerra mundial, largos períodos de competencia democrática después de 1945 e importantes divisiones históricas frente a temas 'sensibles', fueron capaces de establecer competencia programática partidista que persiste -al menos- hasta finales del siglo XX. En este sentido, los temas 'sensibles' se refieren al desarrollo de la política social en el plano económico, conflictos Estado-Iglesia, en el religioso, o posiciones frente a la democracia y el autoritarismo, en el político.

El libro procede con dos grandes secciones; la primera de ellas está dirigida al desarrollo de algunas medidas que capturen el grado de estructuración programática de los sistemas de partidos de los países de la muestra analizada. La segunda busca explicar los resultados encontrados en la primera parte y poner a prueba algunas hipótesis alternativas frente a los causales de la estructuración programática; seguido a esto se discute la relevancia de la estructuración programática. A continuación presento un recuento y discusión de cada una de estas secciones y hacia el final algunos comentarios generales sobre el texto.


Haciendo Operacional la Idea de "Estructuración Programática"

Con el propósito de cuantificar el grado de estructuración programática de los sistemas de partidos de los países de la región, los autores desarrollan técnicas innovadoras que apuntan a diferentes aspectos que capturen los componentes del concepto de Estructuración Programática de los Partidos. Así, el primer capítulo de esta sección está dedicado a identificar las dimensiones ideológicas de las legislaturas latinoamericanas y el grado en que estas dimensiones se traducen en divisiones partidistas. Se utiliza la base de datos de las Élites Parlamentarias de Latinoamérica para los años 1997 y 1998; esta base de datos incluye respuestas de congresistas latinoamericanos a múltiples preguntas de carácter social, económico, político, moral, etc. Las técnicas que se utilizan en esta sección son el análisis factorial y el análisis de función discriminante.

Se encuentra como resultado una alta heterogeneidad en torno a las principales líneas de división de los legisladores de la región. Así, mientras en Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y República Dominicana hay una clara división ideológica en torno a temas económico-distributivos, esta es ausente en Bolivia, Brasil, Costa Rica, Ecuador, Uruguay y Venezuela. En Uruguay, por ejemplo, el factor de división más importante captura aspectos relacionados con inversión extranjera, mientras que en Costa Rica este se refiere a variables de carácter moral/religioso y de derechos de minorías. Más aún, en todos los países de la muestra las variables relacionadas con temas morales y religiosos capturan importantes diferencias entre los congresistas, lo que podría entenderse como una representación de las divisiones  frente a los mismos, presentes en la sociedad.

De este análisis también resulta interesante ver cómo en varios países algunas de las dimensiones identificadas se traslapan. Por ejemplo, en Chile los temas económicos y políticos muestran una clara superposición: aquellos congresistas que favorecen posiciones consideradas como más de derecha en el plano económico (privatizaciones, negativa a control de precios y al apoyo a la creación de empleos), tienen opiniones menos favorables frente a la democracia, los partidos políticos y los derechos de las minorías.

Sin embargo, como es propio del análisis factorial, este enfoque de divisiones ideológicas no explica de qué manera estas se traducen en divisiones entre los diferentes partidos. Para analizar esto se utiliza la técnica de análisis de función discriminante donde los "grupos" propuestos son los partidos políticos. Esto reduce sustancialmente el número de dimensiones ideológicas ya que muchas de estas no se traducen en divisiones partidistas. Así por ejemplo, aunque en Argentina la dimensión religiosa es bastante divisiva entre los legisladores, esta no es suficientemente fuerte para generar divisiones entre los diferentes partidos. Esto implica que en los partidos a lo largo del espectro ideológico se encuentran opiniones religiosas de todo tipo.

Como resultado de lo anterior, el espacio ideológico-partidista queda reducido a una sola dimensión para la mayoría de los países: México y Chile aparecen como excepciones a esta regla, cada uno con dos dimensiones, mientras que Colombia no aparece con ninguna. Es decir, para el caso de esta última no hay ninguna diferenciación importante entre los partidos políticos de la muestra para la legislatura incluida en el análisis (en este caso 1994-1998).

Diferencias Semánticas, Representación Política y Cohesión Ideológica

Seguido a esto el libro explora en qué medida los conceptos de izquierda y derecha tienen sentido para los congresistas de la región. Para esto se utiliza como variable dependiente la ubicación que cada uno de ellos hace de sí mismo en el espectro ideológico, mientras las variables independientes son los factores y función discriminante encontrados previamente. En general, los conceptos de izquierda y derecha están principalmente asociados a los planos económico y religioso para los congresistas de la muestra. Sin embargo, mientras en Argentina, Chile, Costa Rica, México, República Dominicana y Uruguay los conceptos de izquierda y derecha tienen importancia substantiva -están fuertemente relacionados con posiciones tradicionalmente asociadas a ellos- en Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia y Perú, esto ocurre en mucho menor grado.

Pasando a otro tema, el texto aborda la segunda parte de la EPP, es decir, el grado en que existen lazos programáticos entre los partidos y la ciudadanía -la esencia de lo que se conoce en la literatura como representación política. Con el propósito de determinar en qué medida los partidos representan a la ciudadanía, los autores comparan respuestas de la base de datos de congresistas Latinoamericanos con respuestas de ciudadanos comunes y corrientes que aparecen en el Latinobarómetro de 1998. En este caso Chile, Uruguay y Argentina aparecen relativamente bien representados -algo similar a lo que ocurre en los análisis anteriores- mientras que México, Costa Rica y Ecuador ocupan el fondo de la tabla; los demás países ocupan posiciones intermedias.

Finalmente, el texto presenta una medida de cohesión ideológica de los partidos; esto consiste en la desviación estándar de las respuestas a varias preguntas por parte de los congresistas de cada uno de los partidos de la región. Así, encuentran un nivel de cohesión relativamente alto en Chile, Uruguay y Bolivia, mientras que Colombia aparece con el sistema de partidos menos cohesivo; de hecho, dos de los tres partidos menos cohesivos de la región -el Liberal y el Conservador- son colombianos. Adicionalmente, los autores  encuentran que los partidos de la izquierda tienden a ser más cohesivos que los de la derecha y que los partidos más cohesivos nunca han alcanzado la presidencia.


Explicando la Diversidad Encontrada: la Importancia del Largo Plazo

Pero, ¿qué explica la diversidad de resultados encontrados hasta ahora? La sección descriptiva de "Sistemas de Partidos Latinoamericanos" es en sí misma bastante enriquecedora y ofrece técnicas interesantes para hacer una aproximación cuidadosa al concepto de EPP. No obstante, desde el punto de vista del debate académico, la segunda sección del libro es mucho más ilustrativa ya que explora los determinantes de los diferentes niveles de EPP encontrados en los sistemas de partidos de la región, así como posibles mecanismos causales.

De esta forma, los autores argumentan que "la estructuración programática de los partidos encuentra sus raíces en períodos tempranos de competencia democrática e intensa lucha por el mando de la economía política de cada país" (Kitschelt, Hawkins, Luna, Rosas, y Zechmeister, 2010: 177). Para mostrar esto se desarrollan dos conceptos: capacidades y oportunidades. El primero de ellos se refiere a los recursos disponibles en un momento específico de la historia de los países de la región; en particular, el análisis se centra en el PIB per cápita en 1928 [2], con lo que se encuentra una fuerte correlación entre este y las diferentes medidas de EPP propuestas anteriormente; curiosamente, al utilizar medidas más recientes del PIB per cápita, la correlación encontrada es menor, lo cual favorece la explicación de largo plazo.

El concepto de oportunidades, por su parte, se refiere a los períodos de democracia, total o parcial, desde 1945 hasta 1998. Los datos del estudio sugieren que los países con un relativamente alto nivel de desarrollo económico crearon los incentivos para promover la organización partidista orientada a la lucha por tales recursos. Desde luego, sólo donde las condiciones políticas garantizaron la existencia y libre competencia de los partidos, se garantizó la estructuración programática de los mismos. Adicionalmente, la estructuración programática fue propiamente establecida únicamente en los países de la región donde estos dos componentes favorecieron niveles moderados de política social dentro del formato del modelo de sustitución de importaciones. En este sentido, la política social tiene un efecto amplificador de la estructuración programática generada por las capacidades y las oportunidades.

Vale la pena enfatizar que la política social, y no la intensidad en la aplicación del modelo de sustitución de importaciones, es la clave para la institucionalización de la competencia programática. Esto se debe a que a pesar de que el modelo económico favoreció la formación de partidos urbanos estructurados en torno suyo, también le otorgó a los partidos de gobierno la capacidad de asignar recursos a partir de prácticas clientelistas; como vimos antes, esto es una alternativa a la estructuración programática. Por el contrario, y tal como establecen los autores:

"la política social se convierte en 'el asunto' del conflicto político, donde los derechos civiles y políticos permiten el surgimiento de grupos de interés político bajo condiciones de desarrollo económico con industrialización y urbanización crecientes" (Kitschelt et al., 2010: 189).

Así, aparece una relación estrecha entre la importancia de los conflictos por los temas de política social, y el desarrollo de lazos programáticos entre los partidos y el electorado: cuando aquellos eran inexistentes, los políticos fomentaban relaciones clientelistas con el electorado; cuando los conflictos eran intensos y/o comunes, se facilitaba la estructuración programática.

La política social genera costos y beneficios así como beneficiarios y contribuyentes, lo que incentiva a que los diferentes grupos de la sociedad se organicen políticamente para maximizar su bienestar y, por ese camino, le quitan a los políticos la facultad de asignar beneficios a grupos específicos. Finalmente, una política social incluyente crea y mantiene amplios grupos de interés, lo que incentiva a los políticos a desarrollar estrategias programáticas que les garanticen el apoyo de los mismos. Es decir, dan prelación a estas estrategias programáticas sobre el desarrollo de lazos clientelistas.

Ahora, si la explicación que se obtiene hasta ahora en términos del papel de la política social, amplificando el efecto de las capacidades y las oportunidades es coherente, ¿qué determina cada una de las anteriores? En este punto del análisis el texto recurre a la literatura en fraccionalización etnolingüística para argumentar que, tal y como ocurre en los contextos europeo y estadounidense, aquéllas sociedades con un nivel de fraccionamiento más alto dejan un menor espacio a la política social (Alesina y Glaeser, 2006; Alesina, Baqir, y Easterly, 1999).

De esta forma, la relación extensa argumentada en el texto va del nivel de fraccionalización etnolingüística a la estructuración de los sistemas de partidos, pasando por las capacidades, oportunidades y política social de los países en cuestión. Ahora, como es claro, este argumento puede parecer un poco ambicioso, por lo cual los autores son cuidadosos en sugerir una relación causal explícita. Para poder tener resultados concluyentes en esa dirección y así poder determinar en qué medida las correlaciones encontradas entre las diferentes variables propuestas ofrecen una explicación causal de los resultados encontrados, los autores sugieren estudios del tipo 'seguimiento de procesos' [3].

Al igual que para la dimensión económica, la explicación tras la estructuración de los sistemas de partidos en torno a temas religiosos se remonta a fenómenos de largo plazo en la vida de los países de la región. En particular, el análisis se centra en las disputas de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX acerca del papel de la Iglesia Católica en el orden político.

El argumento es que en aquellos países donde el conflicto por temas de la relación entre Iglesia y Estado fue intenso o duradero tienden a tener divisiones programáticas entre los partidos que persisten hasta finales del siglo XX; Por el contrario, no aparece una clara estructuración programática en torno a la religión en aquellos países donde estos conflictos fueron débiles o se superaron de forma rápida.

Así, en Chile, México y Uruguay -los países de la región donde la división por temas religiosos es más importante- se encuentran conflictos por temas religiosos que tardarían en resolverse hasta bien entrado el siglo XX. En cambio, en los casos de Bolivia, Perú y República Dominicana- los menos estructurados en torno a la religión- nunca hubo una disputa importante por estos temas, las ideas liberales nunca se establecieron, y rápidamente el Catolicismo se declaró como religión de Estado. Contrario a lo que podría esperarse, la presencia y éxito de partidos demócrata-cristianos no están asociados con la estructuración programática en torno a la religión ya que estos partidos aparecen mucho después de que terminaran las grandes disputas frente a la relación entre Iglesia y Estado.

¿Cuál es el Papel del Corto Plazo?

Una vez los autores han mostrado evidencia en favor de su hipótesis, según la cual las capacidades y oportunidades son condiciones necesarias para la estructuración programática de los partidos, proceden a considerar hipótesis alternativas. En particular, se centran en el posible papel que juegan algunas variables de corto plazo.

Una motivación importante para hacer esto es que los casos de Brasil y México aparecen como excepciones a la explicación provista por los autores. En particular, el caso de Brasil escapa a diferentes especificaciones presentadas en el texto, lo que lleva a los autores a considerar que en casos como este el corto plazo podría ser un factor importante.

Así, se consideran como posibles variables explicativas de corto plazo la descentralización, la profesionalización del servicio civil, las leyes electorales y la relación entre los diferentes poderes del Estado. En esta sección el análisis sigue con la misma metodología utilizada previamente en términos de computar correlaciones entre las medidas de EPP y de las explicaciones propuestas. El resultado principal es que ninguna de tales correlaciones es importante en sentido estadístico, lo que lleva a los autores a descartar cada una de estas hipótesis alternativas.

Tal vez esta sección sea la más debatible del estudio ya que si bien los autores son consistentes en el uso de su metodología, sería muy enriquecedor un análisis un poco más detallado que permitiera entender conceptualmente por qué cada una de estas posibles alternativas no juega un papel fundamental en la heterogeneidad observada en la EPP. Vale la pena señalar que en esta sección Kitschelt y su equipo son cuidadosos en no establecer conclusiones finales, y más bien dejan la puerta abierta a la discusión frente a enfoques que defiendan el papel que las instituciones tienen sobre la EPP [4].

Sin embargo, señalan que al hablar de la estructuración programática de la dimensión política, el corto plazo puede llegar a ser relevante. En este sentido, las experiencias recientes con regímenes autoritarios y la intensidad de ellos, contribuyen a explicar las posiciones de los congresistas en temas como su preferencia por la democracia, elecciones, la necesidad de partidos y los derechos de las minorías. Así, aunque en los temas económicos y religiosos el largo plazo ofrece explicaciones razonables para los niveles recientes de EPP, en temas políticos puede resultar más conveniente centrar la atención en fenómenos más recientes.

Importancia de la EPP y Consideraciones a Futuro

En este punto de la discusión vale la pena indagar acerca de la importancia real de la estructuración programática de los sistemas de partidos. A fin de cuentas, conceptos relacionados, como la institucionalización de los partidos políticos, desarrollado en el gran trabajo de Mainwarig y Scully (1996), presentan a algunos países con instituciones políticas relativamente fuertes, que años más tarde presenciaron una crisis importante en su sistema de partidos. Este es el caso de Colombia y Venezuela, por ejemplo.

Así, Kitschelt y su equipo muestran un importante efecto de la EPP sobre la intensidad y las formas de participación, la estabilidad y predictibilidad de la competencia democrática, la calidad en el diseño de políticas, gobernanza, y apoyo a la democracia. De hecho, encuentran que en varios de estos casos, la EPP tiene un mejor comportamiento en términos de predicción de estas variables que lo que ofrecen variables tradicionalmente consideradas para este propósito como son el PIB per cápita o la tasa de crecimiento económico.

A pesar de esto, es importante profundizar en la discusión acerca de la estructuración programática de los partidos y lo que esto realmente significa en el ámbito netamente político. Por ejemplo, Coppedge (1997) señala algunas de las limitaciones que un sistema de partidos rígido, aunque bien estructurado, puede tener sobre la evolución de la democracia de una sociedad. De igual forma, Siavelis (2009) y Luna y Altman (2011) llaman la atención acerca de las diferencias que existen entre la política nacional y la regional, y cómo unos partidos que logran penetrar profundamente la sociedad, pueden llegar a ser nocivos para el desarrollo de la democracia.

Ahora, a futuro se esperaría que algunas de las condiciones que han sido fundamentales en la generación de la estructuración programática de los partidos en los últimos años, sean reemplazadas por fenómenos más recientes con implicaciones de largo plazo. Los autores destacan las diferentes posiciones frente al Consenso de Washington que, como ya se ha visto a lo largo de la región en las dos últimas décadas, genera por lo menos dos bloques ideológicos importantes (Levitsky y Roberts 2011; Weyland 2010).

Siguiendo con este enfoque, se logra distinguir entre los modelos de liberalismo institucional y liberalismo social, los cuales podrían continuar convirtiéndose en aspectos divisores en países que ya cuentan con cierta estructuración programática. Por el contrario, en aquellos donde ésta es débil, se puede empezar a percibir un giro de un “neosocialismo” hacia la profundización de políticas clientelistas. En ese sentido, el peso de la historia, y específicamente, las condiciones generadas por las políticas sociales en el marco del modelo de sustitución de importaciones, siguen teniendo un efecto en la estructuración programática, a pesar de que los temas que entran a jugar un papel preponderante hoy sean otros.


Comentarios Finales

El trabajo de Kitschelt y su equipo es un punto bastante alto en el estudio de los sistemas de partidos políticos de la región. Es consistente en su metodología -a pesar de las limitaciones que esto implica en algunos casos-, tiene una gran validez externa -sus métodos son aplicados a otras regiones con resultados satisfactorios, y ofrece una propuesta audaz en el estudio de los determinantes de la estructuración programática.

Adicionalmente, el libro invita a continuar su propuesta en múltiples líneas de investigación futura: análisis de casos para poner a prueba la hipótesis principal de los autores; actualización de los resultados con datos más recientes a fin de estudiar el impacto de reformas electorales y otros cambios institucionales de corto plazo; aplicación a otros contextos fuera de la muestra aquí estudiada; contraste entre los niveles nacional y sub-nacional, etc.

En fin, “Sistemas de Partidos Latinoamericanos” no solo aborda su problema de una forma muy cuidadosa y sistemática, y ofreciendo una posible respuesta, sino que abre un sinnúmero de posibilidades para que los estudiosos de estos temas continúen el camino que en él se propone.

Ahora, para aquellos interesados en el tema de los partidos políticos desde una perspectiva menos académica, el libro ofrece posibles respuestas acerca del estado actual de los sistemas de partidos de la región y permite hacer comparaciones entre los diferentes países, tanto en su situación actual como en los fenómenos históricos que la propiciaron.

Asimismo, el texto invita a la reflexión en torno a los causantes de las crisis de partidos que presenciamos a lo largo de la región, las crisis de representación, y las consecuencias que esto puede significar en términos políticos, sociales y económicos. En general, invita a pensar acerca de la importancia de un sistema de partidos fuerte, donde los ciudadanos se vean bien representados y se reduzcan los incentivos tanto a candidaturas personalistas como al desarrollo de lazos clientelistas entre políticos y electores.

"Sistemas de Partidos Latinoamericanos" es, a todas luces, un libro recomendado para los interesados en los temas de instituciones políticas, partidos políticos, política comparada y dinámicas políticas regionales.


Notas

[1] Ver, por ejemplo, (Mahoney 2002).

[2] Un año de auge tras la recuperación económica luego de la primera guerra mundial, y antes de la caída de los mercados en 1929.

[3] Ver Mahoney (2003); para aplicaciones a casos de partidos políticos de la región, ver Van Cott (2007) y Hunter (2010).

[4] Para estudios con este enfoque, ver, por ejemplo, Ames (1995, 2002).


Referencias

Alesina, A. & Glaeser, E., 2006. Fighting Poverty in the US and Europe: A World of Difference, Oxford University Press.

Alesina, A., Baqir, R. & Easterly, W., 1999. Public Goods and Ethnic Divisions. The Quarterly Journal of Economics, 114(4), pp.1243-1284.

Ames, B., 1995. Electoral Strategy under Open-List Proportional Representation. American Journal of Political Science, 39(2), p.406.

Ames, B., 2002. The Deadlock of Democracy in Brazil, University of Michigan Press.

Coppedge, M., 1997. Strong Parties and Lame Ducks: Presidential Partyarchy and Factionalism in Venezuela, Stanford University Press.

Hunter, W., 2010. The Transformation of the Workers' Party in Brazil, 1989-2009, Cambridge University Press.

Kitschelt, H. et al., 2010. Latin American Party Systems, Cambridge University Press.

Levitsky, S. & Roberts, K., 2011. Latin America’s “Left Turn”. A Framework for Analysis. In S. Levitsky & K. Roberts, eds. The Resurgence of the Latin American Left. Johns Hopkins University Press, pp. 1-30.

Luna, J.P. & Altman, D., 2011. Uprooted but Stable: Chilean Parties and the Concept of Party System Institutionalization. Latin American Politics and Society, 53(2).

Mahoney, J., 2003. Strategies of Causal Assessment in Comparative Historical Analysis. In J. Mahoney & D. Rueschemeyer, eds. Comparative Historical Analysis in the Social Sciences. Cambridge University Press, pp. 337-372.

Mahoney, J., 2002. The Legacies of Liberalism: Path Dependence and Political Regimes in Central America, The Johns Hopkins University Press.

Mainwarig, S. & Scully, T., 1996. Building Democratic Institutions: Party Systems in Latin America, Stanford University Press.

Siavelis, P.M., 2009. Elite-Mass Congruence, Partidocracia and the Quality of Chilean Democracy. Journal of Politics in Latin America, 1(3), pp.3-31.

Van Cott, D.L., 2007. From Movements to Parties in Latin America: The Evolution of Ethnic Politics, Cambridge University Press; 1 edition.

Weyland, K., 2010. The Performance of Leftist Governments in Latin America: Conceptual and Theoretical Issues. In K. Weyland, R. L. Madrid, & W. Hunter, eds. Leftist Governments in Latin America. Succeses and Shortcomings. Cambridge University Press, pp. 1-27.

Tuesday, August 9, 2011

Corrupción, Escándalos y Competencia Política: Lecciones para Colombia

Uno de los problemas políticos más generalizados en Latinoamérica es el de la corrupción; por ejemplo, de acuerdo al Latinobarómetro, los ciudadanos de la región consideran que cerca del 70% de los funcionarios públicos de su país son corruptos, mientras que cerca del 80% considera que en los últimos años se ha hecho poco o nada por reducir los niveles de corrupción. Con frecuencia salen a la luz pública escándalos relacionados con este fenómeno y no pocas veces los gobiernos locales y nacionales inician campañas para luchar en su contra. Sin embargo, a pesar de que la corrupción pareciera ser parte de la vida política de la región, los escándalos de este tipo se dan de forma discontinua, lo que hace pensar que muchos actos de corrupción nunca son conocidos por el público. En un artículo reciente en el Journal of Comparative Politics, Manuel Balán intenta explicar qué hace que algunos actos de corrupción se conviertan en escándalos mientras muchos otros permanecen ocultos.

Para esto el autor reta dos posiciones convencionales que explican los escándalos de corrupción. Una que los utiliza como indicadores de una democracia sana donde los mecanismos de rendición de cuentas funcionan satisfactoriamente; y otra que simplemente asocia los escándalos de corrupción a mayores niveles de la misma. Por el contrario, Balán argumenta que dados los incentivos de los actores políticos y las restricciones impuestas por posibles competidores, los escándalos de corrupción se desatan precisamente por la competencia entre tales actores.

Es decir, los políticos al interior de la coalición de gobierno, quienes en general tienen acceso a información que desconoce el público, eligen selectivamente qué información filtrar a los medios de comunicación y entidades de control. Esta actuación hace parte de dos posibles estrategias: una con la que se busca ganar poder dentro de la coalición de gobierno al hacerle daño a algunos aliados políticos, y otra con la que se busca abandonar esta coalición afectando a sus líderes al relacionarlos con un escándalo de corrupción. Así, el autor propone que los gobiernos con altos niveles de competencia interna, así como aquellos que enfrentan una oposición débil, son más vulnerables a sufrir escándalos de corrupción.

Balán presenta evidencia de Argentina y Chile utilizando como base de datos las noticias acerca de casos de corrupción en cada uno de estos países que aparecieron en el Latin American Weekly Report de 1989 a 2007, así como en importantes periódicos de cada uno de ellos. Así, durante el primer gobierno de Ménem Argentina se caracteriza por una intensa competencia al interior del Peronismo y una oposición bastante débil; en este escenario los escándalos de corrupción abundan. Esta situación cambia hacia el final de su segundo período con una reducción en la competencia interna al gobierno y un fortalecimiento de la oposición; como resultado de esto, explica el autor, los escándalos de corrupción fueron mucho menores durante este período. Una dinámica similar ocurre en los gobiernos posteriores.

Para el caso de Chile, los primeros diez años de los gobiernos de la Concertación estuvieron caracterizados por una baja competencia intrapartidista y una oposición –heredera del régimen Pinochetista- bastante fuerte. Como resultado de esto, los escándalos de corrupción fueron pocos. Sin embargo, la llegada del Partido Socialista al poder y el debilitamiento de la oposición por temas como la captura de Pinochet, generan una alta competencia intrapartidista y una baja competencia interpartidista, que termina en un alto nivel de escándalos de corrupción. Un patrón similar se encuentra en la segunda mitad del gobierno de Lagos y durante el gobierno de Bachellet.

De esta forma, el autor concluye que la dinámica de los escándalos de corrupción más que estar asociada al papel de los medios de comunicación o ser un resultado inmediato de los casos de corrupción, responde a la competencia política tanto al interior de los partidos de gobierno como a aquella existente entre estos y la oposición. Paradójicamente, indica Balán, una oposición fuerte más que promover el rendimiento de cuentas a los partidos de gobierno, genera una presión indirecta para que haya mayor encubrimiento de los casos de corrupción.

Los resultados de la investigación son de gran interés más allá de los dos casos discutidos. El autor se refiere brevemente a los casos de México, Brasil y España como otros ejemplos donde la dinámica descrita en el artículo explica la emergencia de escándalos de corrupción. Para el caso de Colombia – no discutido en el artículo-, y en particular los recientes escándalos de corrupción por la contratación en Bogotá, resulta enriquecedora la propuesta que hace esta investigación. En el año 2010, integrantes del Polo Democrático Alternativo -partido de gobierno en la capital del país- liderados por Gustavo Petro, sacan a la luz pública el problema de corrupción crónico que se vivía al interior de la administración distrital.

Tal como plantea la hipótesis del artículo, el Polo estaba bastante dividido internamente por temas como la presidencia del partido y la predominancia de las diversas fuerzas al interior de este, al tiempo que la oposición a nivel local era bastante débil. De hecho, luego de dos períodos de gobierno por parte del Polo, muchos analistas asumían que a menos que algo trascendental ocurriera –como los escándalos de corrupción que aparecieron- la alcaldía sería alcanzada nuevamente por este partido. Esta combinación de alta competencia intrapartidista y una oposición débil, finalmente llevan a la filtración de la información relacionada con el "carrusel de la contratación" y los demás escándalos que terminan con la suspensión del alcalde distrital Samuel Moreno y el descrédito generalizado de la administración del Polo Democrático.

En este caso, la estrategia de Petro y sus seguidores que inicialmente pareciera haber sido dirigida a ganar fuerza dentro de la coalición a costa del desprestigio de las otras partes –en particular, la ANAPO de la familia del alcalde Moreno-, termina convirtiéndose en un abandono de esta y en la fundación de un nuevo movimiento político; lo que Balán llama "el abandono del barco".

La tesis del artículo de Balán es sin duda bastante interesante e invita a reflexionar acerca de los intereses políticos que están en juego tanto en aquellas situaciones cuando salen a la luz pública escándalos de corrupción como en aquellas donde estos escándalos están ausentes. En uno y otro caso, la competencia política, o su ausencia, puede decirnos más acerca de la dinámica de los escándalos de corrupción que lo que nos ofrecen las explicaciones convencionales.

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Referencias

Balán, Manuel (2011) Competition by Denunciation. The Political Dynamics of Corruption Scandals in Argentina and Chile. Journal of Comparative Politics, Vol. 43, No. 4, pp. 459-478.

Latinobarómetro (2006) .

Monday, June 27, 2011

El Papel de las Campañas en las Elecciones Presidenciales de México en 2006

Foto: Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón.    
Fuente: MexicoDecide.com
En el número más reciente del American Journal of Political Science, Kenneth Greene investiga el efecto de las campañas políticas en términos de persuasión del electorado, centrando su análisis en el caso de la cerrada elección de 2006 que le dio la presidencia a Felipe Calderón sobre Andrés Manuel López Obrador. El argumento que motiva este estudio es que mientras en sociedades cuyas democracias están bien establecidas la decisión de buena parte del electorado es hasta cierto punto predecible, las elecciones en las "nuevas democracias" resultan ser mucho más volátiles. En estos casos, donde es normal que algunos candidatos pasen de tener algunos pocos puntos porcentuales en intención de voto a conquistar la mayoría del electorado, se abre un espacio importante para las campañas; allí, aspectos como la "identidad" –de clase, étnica, etc.-, típicamente considerados como importantes predictores del comportamiento electoral, pasan a un segundo plano detrás de los temas de la contienda.

El autor recurre a un escenario de información desequilibrada donde cada elector valora las características de los candidatos antes de hacer su elección. En esta valoración juegan un papel determinante la resistencia inercial - por ejemplo el escepticismo hacia información nueva-, así como el sesgo hacia alguno de los partidos políticos. De esta forma, si hay mayor información disponible sobre un candidato los electores tenderán a apoyarlo en la medida en que el grado de identificación partidista y la información de relevancia política antes de la campaña sean bajos. Esto, argumenta Greene, es más frecuente en las nuevas democracias a causa de los diferentes estilos de campaña de los candidatos, el grado de organización de los partidos, y los recursos con los que cuentan. Sobre este escenario teórico inicial, el autor propone dos hipótesis: 1) un efecto de persuasión grande sobre los votantes expuestos a un ambiente de información desequilibrada incluso cuando profesan unos lazos partidistas débiles o moderados, y 2) resistencia a las campañas de persuasión sólo para aquella minoría de partidarios fuertes.

El estudio presenta evidencia acerca de la volatilidad en la intención de voto en los meses anteriores a la última elección presidencial mexicana: alrededor del 37% de la población cambió su intención de voto al menos una vez entre octubre de 2005 y julio de 2006, algo que supera ampliamente lo que ocurre en democracias bien establecidas. Adicionalmente, el artículo presenta un modelo econométrico que muestra un importante efecto de las campañas en la elección de los candidatos a través de cambios en variables como la evaluación de políticos importantes y partidos políticos, así como en las posiciones del electorado frente a temas económicos. Es decir, se encuentra evidencia de que, a diferencia de lo que ocurre en democracias más desarrolladas, en este caso las campañas afectan la decisión de un amplio sector de la población.

Más aún, el autor encuentra que un 23.9% de los electores presentó algún tipo de conversión en su elección, cambiando de su candidato "natural" –el que elegiría en ausencia de campañas- hacia algún otro; tal vez lo más importante de esto es que de estos electores que experimentaron algún tipo de conversión, un 69.1% lo hicieron hacia Felipe Caderón mientras que sólo un 21.8% lo hiciera hacia López Obrador. Es decir, la "conversión" jugó un papel importante en la victoria de Calderón. Seguido a esto, el autor muestra el efecto de las campañas a través de su impacto en la evaluación de los candidatos. Encuentra que los electores presentan una baja inercia –la evaluación hecha meses antes tiene un papel limitado-, mientras el sesgo partidista y la intensidad con la que los electores se identifican con su partido, juegan un papel mucho más notorio.

Greene concluye señalando la importancia de las campañas en democracias relativamente jóvenes, y destaca el papel que estas pueden tener en un eventual proceso de rendimiento de cuentas por parte de los políticos. Igualmente, destaca la importancia de desarrollar canales de comunicación con votantes indecisos y la importancia de regular el financiamiento de campañas políticas; esto con el fin de nivelar el terreno para contendores con diferencias importantes en sus recursos y, así, evitar que las elecciones terminen girando únicamente en torno a la imagen de los candidatos y más bien se concentren en temas substanciales.

Algo preocupante frente a los resultados de este estudio es el bajo nivel de institucionalización de los partidos políticos de la región, el reducido grado de identificación partidista por parte del electorado y las borrosas líneas que separan ideológicamente a los partidos –en los pocos casos donde todavía existen. Estas condiciones crean indecisión en amplios sectores de la población y, como menciona Greene, tienden a favorecer escenarios donde la personalidad de los candidatos, más que sus propuestas de fondo, juegan un papel trascendental en la determinación de los resultados. Un claro ejemplo de esto se encuentra en las recientes elecciones presidenciales en Perú, donde a pesar de las evidentes diferencias ideológicas entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala, la contienda se centró más en ataques personales y descalificaciones mutuas que en un amplio debate acerca de las ideas y programas de los candidatos. ¿Qué se puede esperar de escenarios donde las diferencias ideológicas entre los candidatos no son tan marcadas?

Ahora, ¿qué tipo de rendimiento de cuentas puede haber en un sistema político donde la decisión de apoyar a uno u otro candidato reside en su personalidad y no en propuestas de fondo? El escenario es bastante indeseable y difícilmente será cambiado por parte de los políticos quienes, en últimas, obtienen beneficios importantes de estos contextos de baja institucionalización política. La ciudadanía, en cambio, tiene en sus manos el derecho a decidir si toma sus decisiones basada en programas de gobierno o en temas relacionados con la personalidad de los líderes.
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Referencias

Greene, K. (2011) Campaign Persuasion and Nascent Partisanship in Mexico's New Democracy. American Journal of Political Science, Vol.55, Issue 2. pp 398-416.

Thursday, June 9, 2011

Partidos Políticos en Chile

Foto: Sebastián Piñera, Fuente: AP
El sistema de partidos chileno ha sido tradicionalmente considerado como uno de los más estables y mejor establecidos de la región. De hecho, a pesar de la interrupción de 17 años que representó el régimen de Augusto Pinochet, algunos estudios muestran cierta continuidad entre los sistemas pre y post-dictadura, argumentando que las principales líneas de división que existían entre los partidos antes de ella empezaban a reconstruirse una vez esta termina (Scully, 1995). A pesar de que esta teoría ha sido parcialmente abandonada, hasta hace poco se seguía manteniendo la idea de la estabilidad e institucionalidad del sistema de partidos. No obstante, la relativa insatisfacción de los chilenos con su sistema político, así como la medida en que los partidos se encuentran relacionados con el electorado, ha obligado a replantear esta posición.

Siavelis (2009), investiga si el relativamente bajo nivel de apoyo a la democracia en Chile y la llamada "crisis de representación" se debe a que las élites y el público tienen visiones radicalmente diferente sobre problemas fundamentales; si, en cambio, la causa de esto es que el nivel de congruencia entre las opiniones de las élites y el público no importan; o, si a pesar de un acuerdo entre estos hay otros aspectos del sistema político que conducen a la crisis. Tras mostrar un alto nivel de congruencia en las opiniones de políticos y electores en temas como el eventual apoyo a un régimen autoritario, el papel del estado en la economía y la importancia asignada a problemas específicos de políticas públicas, el autor descarta que existan visiones divergentes entre las élites políticas y el público. Así, más que una desconexión entre gobernantes y gobernados, lo que existe actualmente en Chile es una insatisfacción generalizada con las formas de participación y ejecución de las funciones representativas, así como grandes problemas de rendimiento de cuentas y legitimidad. Siavelis argumenta que el modelo chileno raya en lo que se conoce en la literatura como 'partidocracia' (Coppedge, 1994), en el sentido de tener partidos políticos que monopolizan el proceso electoral y dominan el proceso legislativo.

Los acuerdos que se llevaron a cabo entre los partidos políticos hacia el final de la dictadura establecieron mecanismos para compartir el poder; estos incluyen nombramientos ministeriales, dominación del diseño de política por parte de las ramas del ejecutivo y un limitado impacto de los votantes en los resultados de las elecciones legislativas. Esto afecta el proceso de rendimiento de cuentas al electorado y, por consiguiente, el nivel en que la ciudadanía siente que su participación realmente importa. Adicionalmente, mientras Chile es el país de la región donde las diferencias ideológicas entre los legisladores son más marcadas, cada vez un menor porcentaje de la población es capaz de ubicarse en el espectro ideológico –más aún, buena parte de quienes lo hacen optan por el centro. Finalmente, la ciudadanía se siente cada vez menos identificada con los partidos políticos, al tiempo que estos reciben bajas evaluaciones al ser comparados con otras instituciones.

En síntesis, el problema entre partidos y electores no radica en visiones diferentes acerca de temas fundamentales, sino en la forma como funciona la democracia a la hora de abordar estos problemas. En un estudio en el número más reciente del Latin American Politics and Society, Juan Pablo Luna y David Altman también cuestionan que el sistema de partidos chileno sea altamente institucionalizado y dan fuerza a la idea de una desconexión de estos frente a la sociedad civil. El criterio usual para argumentar tal nivel de institucionalización es la baja volatilidad electoral del sistema de partidos; no obstante, los autores argumentan que esta medida presenta serios problemas al ser aplicada al caso chileno una vez se desagrega de coaliciones a partidos, o por sub-unidades geográficas. Igualmente, muestran una marcada reducción en una de las líneas de división más importantes entre los partidos (democrático-autoritario), acompañada de una baja identificación de la ciudadanía con los partidos, tal como lo muestra Siavelis (2009).

La principal consecuencia de esta crisis de partidos -contraria a lo que se percibe en la superficie-, es la mayor relevancia de los estilos de liderazgo personalistas, acompañada del debilitamiento de instituciones democráticas importantes. Resultado de esto es la emergencia de candidatos anti-sistema o independientes, como fue el caso de Marco Enríquez-Ominami en las elecciones presidenciales pasadas.

A nivel metodológico, estos estudios muestran la necesidad de pasar de comparaciones macro a un nivel micro a la hora de calificar sistemas políticos. Como mencioné antes, al hacer comparaciones con indicadores como la volatilidad electoral, el sistema chileno parece ser altamente institucionalizado; una foto muy distinta aparece al analizar las posiciones individuales de los electores en múltiples temas.

En términos prácticos, estos estudios muestran que Chile no escapa al proceso de debilitamiento de los partidos políticos de la región, según el cual estos enfrentan cada vez mayores retos en atraer votantes y mantener un marco ideológico bien definido. Los partidos políticos juegan un papel trascendental en términos de reducir costos de información acerca de las opciones del electorado, canalizar y expresar los intereses de la ciudadanía y contribuir a darle forma a la estructura social, económica y cultural de una comunidad. Es difícil pensar en una verdadera democracia sin partidos, más aún, cuando muchas veces la única alternativa es la aparición de líderes carismáticos que movilizan al electorado tras un proyecto netamente personalista; de esto hemos visto innumerables casos a lo largo de la región. La pregunta que queda abierta es si ese es el tipo de democracia que queremos en nuestros países –si es que eso es posible.


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Referencias:

Copepdge (1994) Strong Parties and Lame Ducks : Presidential Partyarchy and Factionalism in Venezuela Stanford: Stanford University Press.
 
Luna, J. P. and Altman, D. (2011) Uprooted but Stable: Chilean Parties and the Concept of Party System Institutionalization. Latin American Politics and Society, Vol. 53, Issue 2, 1-29.

Scully, T. R. (1995) Reconstituting Party Politics in Chile. In: Scott Mainwarig and Timothy R. Scully (Eds.) Building Democratic Institutions. Party Systems in Latin America, pp. 100-137.

Siavelis, P. (2009) Elite-Mass Congruence, Partidocracia and the Quality of Chilean Democracy. Journal of Politics in Latin America, Vol. 1, No. 3, 3-31.

Thursday, May 26, 2011

Más Sobre la Derecha Latinoamericana: Movimientos Autonomistas Conservadores

Foto: Protestas en Bolivia.
Fuente: hacer.org
En mi entrada anterior comentaba un artículo acerca del nuevo papel de la derecha en Latinoamérica y algunas áreas importantes donde enmarcar su estudio. Las victorias de candidatos de derecha en las elecciones presidenciales de Chile, Honduras y Panamá -sumadas a los casos de Colombia, Perú y México- parecieran detener el "giro a la izquierda" que venía dando la región en los últimos años. Sin embargo, el papel de la derecha está lejos de ser circunscrito a gobiernos nacionales y, por el contrario, a nivel local ha mostrado una importante dinámica que vale la pena estudiar.
 
En el número más reciente del Comparative Politics, Ken Eaton presenta un estudio sobre grupos sub-nacionales de derecha con influencia política importante: los Movimientos Autonomistas Conservadores en Santa Cruz (Bolivia) y Guayas (Ecuador). En ambos casos, las demandas de autonomía por parte de estos grupos buscan defender modelos de libre mercado y autonomía fiscal; sus líderes argumentan que bajo las políticas de los gobiernos de Evo Morales y Rafael Correa, respectivamente, los beneficios económicos que obtienen estas regiones se han visto amenazados. Las quejas de estos movimientos tienen como punto de origen común las políticas redistributivas que han llevado a cabo los dos gobiernos nacionales en los últimos años. Siendo Santa Cruz y Guayas las regiones más productivas de sus países, las demandas de estos grupos buscan garantizar el acceso de ellas a un mayor porcentaje de sus recursos fiscales. No obstante, según el autor del estudio, el trasfondo de estas demandas es el interés de llevar a cabo modelos de desarrollo diferentes a los que se aplican a nivel nacional.

Eaton desarrolla la hipótesis según la cual la separación geográfica de los poderes político y económico es una condición necesaria para el ascenso de Movimientos Autonomistas Conservadores: la concentración del poder político en La Paz y Quito, y el poder económico en Santa Cruz y Guayas, respectivamente, es un patrón que no se encuentra en ningún otro país de la región. Esto, combinado con la presencia de gobiernos nacionales que buscan subvertir el statu quo, ha generado una crisis de representación que se ha traducido en la presencia y ascenso de estos movimientos. Ahora, en términos de su importancia comparativa –mayor en Bolivia que en Ecuador- el autor explica que es resultado del mayor reto que ofrece la constitución de un partido indígena poderoso en Bolivia (Movimiento al Socialismo), la mayor importancia de sus clivajes étnicos, y la reversión de reformas de mercado que se han efectuado bajo el gobierno de Evo Morales.
 
El carácter reaccionario de estos movimientos ha sido una espada de doble filo; por un lado, su defensa de los intereses de las clases más altas le ha permitido obtener el apoyo de partidos conservadores (PODEMOS en Bolivia y el Partido Social Cristiano en Ecuador), asociaciones de empresarios, asociaciones civiles lideradas por la élite y gobiernos sub-nacionales. Sin embargo, esto mismo ha significado un obstáculo importante en términos de movilización de las masas, ya que un amplio sector de la población percibe estos movimientos como de carácter elitista. Así, los esfuerzos más importantes de los líderes de estos movimientos autonomistas han estado encaminados a enmarcar sus demandas en torno a la identidad territorial y no en términos de clase o etnia. La respuesta oficial no se ha hecho esperar, con Evo Morales condenado estas iniciativas como el trabajo de "oligarcas" que buscan defender la concentración en la propiedad de la tierra, y con Rafael Correa que, siendo de Guayaquil, le resta legitimidad a un movimiento que lucha por los intereses de la región.

Hay varios aspectos a los que vale la pena hacer seguimiento a partir de las demandas de estos Movimientos Autonomistas Conservadores. Por un lado, el costo en términos de estabilidad en dos países particularmente convulsionados políticamente; dentro de estos movimientos hay sectores altamente confrontativos que amenazan con escaladas de violencia e incluso intentos separatistas. Por otro lado, el éxito o fracaso de estos movimientos tendrá importantes repercusiones en materia de redistribución, tema trascendental en una región caracterizada por sus altos niveles de desigualdad económica. También hacen parte de este debate temas como el papel del Estado así como conceptos de solidaridad y nacionalidad.

Finalmente, aparece la discusión en torno a la identidad, un tema que he discutido en entradas previas de este blog y sobre el que pienso volver más adelante. En los casos de Santa Cruz y Guayas las élites han moldeado su discurso de tal forma que lo que originalmente constituye intereses de clase aparezca ante el público como intereses territoriales. Una de las preguntas que surge al respecto es en qué medida los sectores menos favorecidos se ven beneficiados –económicamente o de otra forma- tras una movilización de carácter territorial. En el caso de República Dominicana que discutía hace unas semanas, la identidad en términos de nacionalidad o etnia ha sido un obstáculo para la formación de partidos de izquierda que demanden transformaciones importantes del sistema económico. Por su parte en Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela, esta identidad ha permitido la formación y ascenso de partidos políticos que materialicen algunas de las demandas de sus integrantes –en diferente medida en cada caso, desde luego.

Si bien en cada momento y lugar las prioridades de la población son diferentes y, por consiguiente, esta responde a identidades diferentes, es importante determinar el formato en el que se enmarcan los proyectos políticos para entender quiénes serán los beneficiados de un determinado curso de acción. Temas como la inmigración, protestas sociales, guerras civiles y contra países vecinos, entre otros, dependen crucialmente de estos marcos conceptuales y condicionan la participación en ellos por parte del grueso de la población. Los sectores de derecha en Santa Cruz y Guayas han hecho un trabajo importante en movilizar a la población en torno a intereses regionales; queda por ver, como decía antes, en qué medida esto podría traducirse en beneficios para la población que se ha movilizado y las repercusiones que esto tiene para nuestro entendimiento de conceptos como la nacionalidad.

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Referencias:

Eaton, Ken (2011) Conservative Autonomy Movements: Territorial Dimensions of Ideological Conflict in Bolivia and Ecuador. Comparative Politics, Vol. 4 No. 3, April.

Tuesday, May 24, 2011

La Derecha en Latinoamérica

Foto: Calderón, Santos, García, Piñera.
Fuente: daylife.com
Uno de los fenómenos políticos más importantes en Latinoamérica durante las últimas décadas es el ascenso al poder por parte de partidos de izquierda; los casos de Lula en Brasil, o los gobiernos de Concertación en Chile son, tal vez, los ejemplos más representativos de esta tendencia. El análisis de este fenómeno ha concentrado los esfuerzos de académicos y estudiosos de la región, quitándole atención a lo que ocurre a la derecha del espectro ideológico. Si bien hace algunos años sólo Perú, Colombia y México eran gobernados por líderes de centro-derecha, recientemente Honduras, Panamá y Chile se han unido a este grupo, lo cual indica la necesidad de avanzar en el estudio de este tipo de opciones políticas.

El número más reciente del Journal of Politics in Latin America incluye un artículo de James Bowen que analiza este fenómeno. El autor se plantea dos objetivos interrelacionados: determinar los fundamentos ideológicos de los grupos de derecha, y estudiar las formas por las cuales estos grupos se organizan y se movilizan para alcanzar sus objetivos. A pesar del legado que reciben los partidos y grupos de derecha existentes –la fusión de los antes antagónicos partidos liberal y conservador, por ejemplo-, estos enfrentan hoy un escenario distinto que resulta del reciente movimiento de la población hacia el centro del espectro ideológico, lo que obliga a un cambio de sus estrategias de movilización. Así, el artículo propone cuatro áreas para el estudio de la derecha en Latinoamérica: 1. la agenda política, 2. la organización interna y práctica política, 3. la capacidad de poder, y 4. el ambiente institucional.

Respecto a la agenda política, Bowen identifica ideológicamente a la derecha en un rango que va desde el conservatismo hasta el libertarianismo; es decir, desde relaciones estrechas entre Estado e instituciones religiosas, preferencia por el orden en conflictos sociales y posiciones conservadoras en temas sociales como la homosexualidad y los métodos anti-conceptivos, hasta un papel limitado del Estado en la toma de decisiones de los individuos. En cuanto a su relación con la clase capitalista, las posibilidades van desde inclinarse por el mercado como mecanismo de asignación de recursos, hasta el favorecimiento de la clase empresarial.

En términos de la organización interna y la práctica política, el carácter minoritario de los núcleos de influencia de la derecha hace que su capacidad de movilización política sea limitada; esto obliga a una relación directa de la clase empresarial con los gobiernos, en la cual los partidos políticos de derecha juegan un papel mediador importante. El tipo de desempeño que tienen estos partidos depende en buena medida de la estabilidad e institucionalización de la vida política: en ambientes más institucionalizados la derecha juega un rol más moderado, mientras que en aquellos donde las instituciones son débiles, aparecen incentivos grandes para la radicalización.

La siguiente área de atención para el estudio de la derecha es su capacidad de poder; esta incluye recursos monetarios, conexiones con actores internacionales, y su capacidad armada –ya sea a través del ejército o con organizaciones paramilitares. En ese sentido, el tipo de economía de cada país determina la agenda económica de los partidos de derecha: oligárquica, donde la economía doméstica es fuerte; tecnocrática, donde los sectores exportadores y los inversionistas extranjeros son dominantes.

Finalmente, la cuarta línea de análisis que propone el autor es el ambiente institucional. Dado que los partidos de derecha no comparten un origen común –como sí ocurre con muchos partidos de izquierda en relación con la represión que algunos de sus miembros sufrieron durante las dictaduras militares-, su desempeño y agenda estará parcialmente condicionada por el comportamiento de los partidos –presumiblemente de izquierda- que los preceden en el poder: a mayor radicalismo de la izquierda, mayor radicalismo de la derecha. No obstante, esto plantea dilemas importantes, ya que si bien la presencia de un partido de derecha fuerte constituye un gran activo para una sana democracia, una organización coherente por parte de la izquierda puede conducir a que sus oponentes hagan lo mismo y constituyan un partido coherente de derecha. Nada malo hasta ahí. Sin embargo, el fortalecimiento e institucionalización de la izquierda puede hacer que la derecha llame a una intervención militar como ha sido costumbre a lo largo de la región.

En este respecto, Bowen es enfático en cuestionar la voluntad de la derecha de jugar de acuerdo a las reglas de una democracia: cuando sus intereses se ven favorecidos, un sistema político democrático resulta conveniente para los grupos de derecha, sin embargo, "[En casos] donde las élites sienten que sus intereses están siendo atacados, no se pueden descartar opciones anti-democráticas. Durante las últimas dos décadas las élites han apoyado, exitosamente o no, golpes militares en por lo menos cuatro países Latinoamericanos (Ecuador, Honduras, Perú y Venezuela) y parecen haber contemplado opciones antidemocráticas en otros" (p. 120).

A pesar de estas dificultades, parece ser una mejor opción para la sociedad la conformación de partidos de derecha coherentes que sigan las reglas del juego democrático frente a sus similares de izquierda, que enfrentar opciones ilegales que defienden los intereses de las élites. Casos como las alianzas entre empresarios regionales y ejércitos armados ilegales con el visto bueno de políticos locales, representan, sin duda, la peor de estas opciones y desdibujan cualquier intento de la sociedad por crear y fortalecer instituciones y prácticas democráticas.
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Referencias:

Bowen, D. (2011) The Right in "New Left" Latin America. Journal of Politics in Latin America. Vol 3, No. 1, 99-124.

Monday, May 23, 2011

Comentarios al Libro “De Movimientos a Partidos en Latinoamérica. Evolución de la Política Étnica”

En mi entrada anterior en este blog comentaba un artículo que discute las razones por las cuales no ha surgido un partido de izquierda en la República Dominicana. Una de estas razones es la importancia del discurso nacionalista anti-Haitiano que se ha manejado históricamente en el país y que, entre otras consecuencias, ha dividido a las clases populares de acuerdo a su origen. Así, nación y etnia han jugado un papel más importante que clase en la identidad de los sectores menos favorecidos, lo que dificulta la formación de un partido de izquierda con posibilidades electorales.

Pero si en la República Dominicana las diferentes identidades han dificultado la formación de un partido de izquierda, en otros países de la región la etnicidad ha sido el eje alrededor del cual se articulan algunos partidos políticos. El libro de Donna Lee Van Cott de 2005 “De Movimientos a Partidos en Latinoamérica. Evolución de la Política Étnica” se centra precisamente en el estudio de las condiciones que facilitan la formación y consolidación de partidos étnicos en la región, así como aquellas que permiten a los movimientos sociales convertirse en vehículos electorales.

La metodología del libro es el "Análisis Sistemático de Procesos", según la cual el proceso que genera un resultado recibe tanta atención como las variables causales involucradas en su determinación. La investigación se basa en entrevistas de la autora en Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Perú, lo que le permite contrastar casos donde se han consolidado partidos étnicos frente a otros donde esto no ha ocurrido.

La autora clasifica las posibles variables independientes en tres grupos: instituciones, sistemas de partidos y movimientos sociales. En cuanto a las instituciones, sobresalen el nivel de descentralización, facilidad de acceso a las boletas electorales (tarjetones), curules reservadas para grupos indígenas, sistemas de representación proporcional y umbrales mínimos, como condiciones relativamente favorables para la formación y desempeño de los partidos de origen étnico.

En cuanto a las características de los sistemas de partidos, Van Cott destaca su fragmentación y "desalineación": los partidos dominantes en los países de la región obtienen cada vez un menor porcentaje del total de los votos. Igualmente, identifica como una variable trascendental la debilidad de los partidos de izquierda, lo que abre posibilidades para que nuevos partidos ocupen su lugar en el espectro ideológico.

Finalmente, otro grupo de variables importante para determinar la formación y desempeño de partidos étnicos es el relacionado con el desempeño de los movimientos sociales con identidad étnica. En este sentido, tener acceso a un proceso de reforma Constitucional, una densa red de afiliados, la madurez de la organización de los movimientos indígenas y los efectos trasnacionales de difusión, afectan positivamente las oportunidades de desarrollo y consolidación de partidos étnicos.

Usando estos grupos de variables, la autora describe los procesos que llevaron al desarrollo de partidos étnicos en Bolivia y Ecuador; es interesante destacar que la investigación termina justo antes de que Evo Morales subiera al poder en Bolivia, lo que resalta aún más los resultados de este trabajo. Así mismo, muestra como en el Perú, donde el tamaño de la población indígena haría esperar la formación de un movimiento indígena políticamente fuerte, la lucha contra el terrorismo y el cambio en las reglas de juego establecido por el gobierno de Alberto Fujimori, imposibilitaron el desarrollo de partidos étnicos con posibilidades electorales.

Seguido al estudio de estos tres países, Van Cott analiza de forma combinada los casos de Argentina, Colombia y Venezuela: mientras en el primero la concentración de poder de las élites locales ha dificultado la formación de partidos étnicos, en los dos siguientes estos partidos han tenido resultados remarcables dado el reducido tamaño de su población indígena. Su participación en procesos de reforma Constitucional ha sido uno de los principales activos de estos movimientos en su proceso de consolidación como partidos políticos.

Un tema que aparece a lo largo de los diferentes casos es el papel que han jugado de los partidos de izquierda en el desarrollo de movimientos étnicos y sus posibilidades como partidos políticos. Históricamente, la izquierda –típicamente movilizada por asuntos de clase- ha representado un obstáculo para los movimientos étnicos. En múltiples ocasiones los líderes indígenas han estado subordinados a los líderes de estos partidos, mientras que en muchos otros se ha presentado un proceso de cooptación de los líderes indígenas y, por consiguiente, la debilitación de sus movimientos. De hecho, como mencionaba anteriormente, es la debilidad –y no el fortalecimiento- de los partidos de izquierda tras la caída del muro de Berlín, un aspecto que ha facilitado la consolidación de partidos con identidad étnica en los últimos años.

Tal vez el caso más dramático en cuanto a las dificultades planteadas por la izquierda tradicional se encuentra es el del Perú, donde incluso la simbología indígena ha sido apropiada por las élites políticas e intelectuales mestizas. Esto ha reducido notablemente las posibilidades de encontrar un discurso y símbolos que identifiquen políticamente a los indígenas peruanos y, por consiguiente, ha retrasado la formación de un movimiento político fuerte.

El libro cierra con un balance de implicaciones positivas y negativas resultantes de la formación y ascenso de partidos de origen étnico en la región. Contrario a lo que ha ocurrido en otras partes del planeta, en Latinoamérica el discurso étnico no ha generado conflicto étnico ya que, entre otras razones, ha buscado el apoyo de personas y grupos no-indígenas. Adicionalmente este discurso ha integrado al sistema político grupos que hasta hace poco habían permanecido excluidos, al tiempo que ha introducido nuevos temas en la agenda política y ha recordado que, en un momento donde los partidos tradicionales cada vez se desdibujan más, las ideas políticas siguen importando.

Sin embargo, la inclusión de movimientos indígenas en los sistemas políticos modernos también tiene su costo: desde el cambio de la estructura interna de los movimientos indígenas hasta la penetración y contaminación de su cultura ancestral. No obstante, no es políticamente correcto hablar de sistemas políticos democráticos que perpetúan la exclusión de grupos de su población –por pequeños y marginales que estos sean.

El libro de Van Cott es una contribución importante a la comprensión de la formación y desempeño de partidos de origen étnico. Así mismo, plantea una nueva dimensión para entender la política de la región, en particular en la izquierda del espectro ideológico, y muestra cómo el concepto de identidad sigue siendo importante para la articulación de proyectos políticos incluyentes.

Monday, May 2, 2011

Continuidad del Sistema de Partidos Dominicano: ¿Un Problema de Identidad?

Leonel Fernández, Fuente: Noticias SIN
Las décadas de 1980 y 1990 en Latinoamérica estuvieron marcadas por un proceso de convergencia hacia un conjunto limitado de opciones de política económica; en la mayoría de países de la región las diferencias ideológicas entre los partidos políticos tradicionales fueron desapareciendo durante este período. No obstante, cuando se hace evidente la incapacidad del modelo económico dominante de mejorar las condiciones de vida de millones de personas, aparecen al menos dos opciones claras: i) la diferenciación ideológica de los partidos a fin de capturar el voto de los sectores menos favorecidos - sin que esto implique desafiar al sistema de partidos-, y ii) la aparición de retos mayores al sistema tradicional de partidos. México y Uruguay hacen parte del primer caso; Venezuela, Bolivia y Colombia hacen parte del segundo.

Sin embargo, hay también una tercera opción: preservar intacto el sistema de partidos –específicamente, permitir la consolidación de los partidos tradicionales de centro-derecha. En un artículo reciente en el Latin American Politics and Society, Jana Morgan, Jonathan Hartlyn y Rosario Espinal investigan por qué con los problemas sociales y económicos típicos de la región, y en presencia de convergencia ideológica entre los partidos tradicionales, el sistema de partidos políticos en la República Dominicana ha permanecido intacto en los últimos años.

Los autores identifican cuatro posibles razones en la literatura para explicar la continuidad del sistema de partidos y proceden a determinar en qué medida estas se ajustan al caso Dominicano. La primera de estas razones es una percepción relativamente positiva frente al desempeño económico, lo que le permite a los partidos tradicionales tomar crédito por el diseño de política. En este sentido, la República Dominicana ha tenido períodos de crisis relativamente cortos acompañados de recuperaciones rápidas, lo que reduce la posibilidad de aparición de opciones diferentes a las de centro-derecha.

La segunda posible razón es el carácter clientelista del Estado, a partir del cual los políticos dan beneficios materiales a cambio de apoyo electoral; a mayor clientelismo, menor espacio para nuevas alternativas políticas. En el caso dominicano esta práctica es común y se remonta al período de Trujillo (1930-1961), y en la actualidad sigue siendo bastante fácil para muchos ciudadanos tener vínculos clientelistas con el Estado.

Una tercera posible explicación consiste en la fragmentación de los sectores populares: en la medida en que los sectores más vulnerables de la población se encuentren desintegrados, se reducen las demandas hacia el Estado, con lo cual se favorece la preservación del status quo –en este caso, el sistema de partidos tradicionales. Sin embargo, al analizar la situación de los grupos menos favorecidos en la República Dominicana hablamos de un importante sector de la población de origen Haitiano, cuya situación en términos de derechos y libertades es bastante inferior a aquella de la de origen Dominicano. Más aún, históricamente el país ha manejado un discurso étnico y nacionalista en contra de los haitianos, lo que hace que estas identidades sean más importantes en la población que aquella de clase o en torno a problemas económicos.

Finalmente, otra posibilidad consiste en las actividades de los dominicanos en el exilio a causa del papel que las remesas juegan en la economía nacional; en particular, los lazos que los emigrantes tienen con los partidos tradicionales pueden ser determinantes al hablar de financiamiento de partidos y campañas políticas, lo que dificulta la aparición de nuevas opciones que desafíen el sistema partidista.

Los autores presentan evidencia estadística que apoya sus hipótesis: ideología, evaluación económica, prácticas clientelistas y recepción de remesas afectan la decisión de un elector de apoyar uno de los partidos tradicionales frente a mantenerse independiente. Por el contrario, la fragmentación social, capturada como apoyo a los haitianos o haber sufrido discriminación, no juega un papel importante a la hora de tomar decisiones políticas.

A partir de los resultados del estudio surge una importante conclusión en términos de la complementariedad de las diferentes estrategias en su papel estabilizador del sistema político. Por un lado, un importante sector de la población se ve beneficiado por el crecimiento económico, remesas y prácticas clientelistas, lo cual hace que sea proclive a mantener el statu quo en términos de apoyar partidos de centro-derecha. Por otro lado, aquellos sectores que se han visto marginados de los logros macroeconómicos y que no tienen acceso a beneficios clientelistas, cuentan con muy limitadas – o nulas- opciones políticas que les permitan ejercer presión para tener un sistema más incluyente. Las clases menos favorecidas, sean de origen dominicano o haitiano, han respondido prioritariamente a su identidad de raza –usada exitosamente por los diferentes gobiernos- en lugar de identificarse mutuamente en sus dificultades económicas, como sí ha ocurrido en otros países. Tal opción, en casos como Bolivia, Ecuador y Venezuela, ha permitido la organización política y, por ese camino, la exigencia de transformaciones económicas.

El caso dominicano es un claro ejemplo de un sistema de partidos que sobrevive a pesar de ser dominado por escasas opciones y de enfrentar los retos socio-económicos característicos de los demás países de la región. En este caso, el discurso político étnico-nacionalista garantiza que amplios sectores de la población permanezcan excluidos y desarticulados políticamente. Un cambio de identidad –de raza a clase- podría jugar un papel clave en el futuro de la política dominicana.

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Referencias: 

Morgan, J., Hartlyn, J. and Espinal, R. (2011) Dominican Party System Continuity amid Regional Transformations: Economic Policy, Clientelism, and Migration Flows. Latin American Politics and Society, Volume 53, Issue 1, pp 1–32.