Saturday, November 20, 2010

"I need an International Conflict: I have major interests to hide"

A few days ago I wrote about the dispute between Costa Rica and Nicaragua, using the argument that countries with low quality of their democracies have a higher risk of going to a conflict than the one that two democratic societies have to fight among themselves. In these days numerous articles on the subject have been written, and it is argued that Ortega has an interest in awakening the nationalism of his people at a time in which he advances political reforms that will allow him to run for the presidency again in 2011 and eventually remain in power (eg 1, 2). After reading the comments of the forum in the Nicaraguan newspapers, it is clear that the strategy has served its role fully. As I will show later, in Colombia this strategy also has applied effectively.

Nicaragua, the poorest country in the region after Haiti and in a continuous deterioration of its precarious democratic institutions, not only promotes instability in the relations with its southern neighbor, but now involves Mexico, Guatemala, Honduras, Panama and Colombia, in what Ortega has described as an attack against Nicaraguan sovereignty; if anyone thought that "conspiracy theories" were over, here is a clear counterexample.

However, things in Costa Rica are not very different: the new government of Laura Chinchilla is not very popular, so the nationalism aroused by the invasion of Nicaragua offers significant political benefits. Not in vain Dora Maria Tellez, dissident from the Sandinista National Liberation Front, explains: "five soldiers in a swamp is not an invasion, but it is not a friendly gesture or a correct way to solve problems either... in both governments there is an intention to prolong artificially and give a greater level of conflict to the issue because it is being used to polish the images of both, the government policies of Mrs. Laura Chinchilla and those of Ortega's." The unfortunate thing about all this is that the issue of the conflict -real or not- makes forget about the political reforms carried out in Nicaragua and that in case of their continuation will derail the democratic progress achieved in recent decades. Only when this happens the true dimension of the supposed differences between the two countries will be revealed.

An example of this, in another context, is the scandal that came to light this week in Colombia with the statement of Minister of Interior, German Vargas Lleras, according to whom "the previous administration left the pot scraped." Fabio Valencia Cossio, the former Minister, acknowledged the signing of contracts for more than 6 billion dollars in just four days, coincidentally this occurred right before the end of the government of Alvaro Uribe. Similarly, in an investigation of RCN, not precisely one that contradicts Mr. Uribe, it is shown the signing of contracts for 1.7 billion dollars during the last week of the previous government.

But what does all this have to do with the subject of international conflict? Well, while the various ministers of the previous government gave away contracts, committing future resources of the nation and making more difficult the financial situation of the incoming government, Colombians, full of that passion that distinguishes us, were thinking of the imminent possibility of a conflict with "evil" Chavez's Venezuela. That is, the argument of the new evidence about the presence of the FARC in Venezuelan territory just two weeks before the end of government was but a simple strategy to divert the attention of the public away from what really happened. At that time the central article from Semana, a Colombian news magazine, referring to the rupture of relations with neighboring Colombia, asked whether it "Was Necessary?". Well, the answer we have today is that it actually was very necessary to disseminate the idea of a war with Venezuela; it was the only way that the media and the public would be concerned with an unrealistic problem, so the government would be in position, in Vargas Lleras's words, of scraping the pot of state finances.

What the examples from Nicaragua and Costa Rica, Venezuela and Colombia, leave us is the typical manipulation of the people when their rulers have interests "above" those of them: political legitimacy, in the first case- economic benefits, in the second. Commenting on Nicaragua, Colombian newspaper El Espectador in an editorial this week mentioned the phrase of Laureano Gómez (a former conservative President): "Peace, peace on the inside. War, war on the borders" as an incentive for governments with political, economic and social difficulties. We just need to add to this phrase that the chauvinism that characterizes many of our people is, paradoxically, the key for their rulers to abuse them politically, economically and socially. A more cosmopolitan and, thereby, less patriotic attitude, will certainly be a guarantee of greater political control over those in power.

Friday, November 19, 2010

“Necesito un Conflicto Internacional: Tengo Importantes Intereses de por Medio”

En días pasados escribí acerca del diferendo entre Costa Rica y Nicaragua retomando el argumento según el cual los países con una baja calidad de sus democracias presentan un riesgo mayor de ir a un conflicto que el presentan dos sociedades democráticas de enfrentarse entre ellas. En estos días se ha escrito un gran número de artículos sobre el tema en los que se aduce el interés de Ortega de despertar el nacionalismo de su pueblo en un momento en que adelanta reformas políticas que le permitirán aspirar a la presidencia nuevamente en 2011 y eventualmente perpetuarse en el poder (ej. 1, 2). Al leer los comentarios de los foristas en los diarios nicaragüenses es claro que la estrategia ha cumplido su papel a cabalidad. Como mostraré más adelante, en Colombia esta estrategia también se ha sabido aplicar eficazmente.

Nicaragua, el país más pobre de la región después de Haití y en un continuo deterioro de sus precarias instituciones democráticas, no sólo propicia la inestabilidad en las relaciones con su vecino del sur, sino que ahora involucra a México, Guatemala, Honduras, Panamá y Colombia, en lo que Ortega ha calificado como un atentado contra la soberanía nicaragüense; si alguien creía que las "teorías de conspiraciones" habían terminado, he aquí un claro contraejemplo.

Sin embargo, las cosas en Costa Rica no son muy diferentes: el nuevo gobierno de Laura Chinchilla no goza de gran popularidad, por lo cual el nacionalismo que ha despertado la invasión nicaragüense le ofrece importantes réditos políticos. No en vano Dora María Téllez, disidente del Frente Sandinista de Liberación Nacional, aclara: "cinco soldados dentro de un pantano no es una invasión, pero tampoco es un gesto amigable ni es una manera correcta de resolver los problemas,… en ambos gobiernos hay un intento de prolongar artificialmente y darle un mayor nivel de conflictividad al tema porque esto está sirviendo para pulir las imágenes políticas tanto del gobierno de doña Laura Chinchilla como del presidente Ortega". Lo lamentable de todo esto es que el tema del conflicto -real o no- hace pasar por encima las reformas políticas que se llevan a cabo en Nicaragua y que de continuar darán al traste con los avances democráticos alcanzados en las últimas décadas. Sólo cuando esto ocurra se entenderá la verdadera dimensión de las supuestas diferencias que hoy se ven entre los dos países.

Ejemplo de lo anterior, en otro contexto, es el escándalo que salió a la luz pública esta semana en Colombia con la declaración del Ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, según la cual "la administración anterior de ese despacho dejó la olla raspada". Fabio Valencia Cossio, antiguo titular de esta cartera, reconoció la firma de contratos por más de 11 mil millones de pesos en sólo cuatro días; casualmente esto ocurrió justo antes del final del gobierno de Álvaro Uribe. De igual forma, en una investigación del canal RCN, no precisamente un contradictor de Uribe, se muestra la firma de contratos por 3.4 billones de pesos durante la última semana del anterior gobierno.

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con el tema de los conflictos internacionales? Pues que mientras las diferentes carteras del anterior gobierno regalaban contratos a diestra y siniestra, comprometían los recursos futuros de la nación y dificultaban la situación financiera del gobierno entrante, los colombianos, llenos de esa pasión que tanto nos caracteriza, pensábamos en la inminente posibilidad de un conflicto con la Venezuela del "malvado" Chávez. Es decir, el argumento de las nuevas pruebas acerca de la presencia de las FARC en territorio venezolano justo dos semanas antes del final del período de gobierno no era sino una simple estrategia para desviar la atención de la opinión pública frente a lo que de verdad ocurría. En ese momento la revista Semana se preguntaba en su artículo central y refiriéndose a la ruptura de relaciones de Colombia con el país vecino, si "¿Era Necesario?". Pues la respuesta que hoy tenemos es que efectivamente sí era muy necesario difundir la idea de una guerra con Venezuela; era la única forma de que los medios y la opinión pública estuvieran preocupados con un asunto irreal a fin de quedar con vía libre para, en palabras de Vargas Lleras, raspar la olla de las finanzas del Estado.

Lo que nos dejan los ejemplos de Nicaragua y Costa Rica, Venezuela y Colombia, es la típica manipulación de la que son víctimas los pueblos cuando sus gobernantes tienen intereses "por encima" de los de sus pueblos: legitimidad política -en el primer caso-, beneficios económicos -en el segundo. Refiriéndose al caso nicaragüense, el diario El Espectador en uno de sus editoriales de esta semana, menciona la frase de Laureano Gómez, "Paz, paz en el interior. Guerra, guerra en las fronteras" como aliciente para gobiernos con dificultades políticas, económicas y sociales. Faltaría por agregarle a esta frase que el chauvinismo que caracteriza a muchos de nuestros pueblos, paradójicamente, es la clave para que sus gobernantes abusen política, económica y socialmente de ellos. Una visión más cosmopolita y, por consiguiente, menos patriotera, será sin duda una garantía de mayor control político sobre quienes tienen el poder.

Friday, November 12, 2010

Los Primeros Cien Días,… de la Oposición

Esta semana el gobierno de Juan Manuel Santos cumple sus primeros cien días y, desde luego, con ello también se cumplen los primeros cien días de la oposición. Y es que sin duda durante estos meses la realidad política de Colombia ha mostrado hechos interesantes; la opinión pública dice estar gratamente sorprendida por las más sonadas políticas del nuevo gobierno y por algunos de los proyectos de ley que éste adelanta; su popularidad ronda por el 90%, y es indiscutible el cambio positivo en las formas frente al lamentable gobierno anterior.

Sin embargo, parece paradójico que uno de los reconocimientos que se le hace al gobierno de Santos frente a su antecesor -el respeto a la oposición- haya servido precisamente para que el papel de una verdadera oposición parezca desaparecer de la escena política. Hace pocos días en una de sus usuales salidas en falso, Antanas Mockus -quien tras su derrota en las elecciones presidenciales dijo que su Partido Verde haría parte de la oposición- afirmó: "Yo hubiera cuidado más la herencia de Uribe que Santos, pero la ironía de la vida es que Santos no está cuidando la herencia de Uribe como los "uribistas" lo suponían". ¿A qué herencia se refiere Mockus, que le preocupa tanto que Santos no haya cuidado? ¿La polarización del país, el ataque permanente a las Cortes, periodistas y oposición, o el riesgo permanente de un conflicto internacional como resultado de los caprichos personales de sus dirigentes? Más allá de esto, ¿es ese el tipo de oposición que Colombia se merece? Claramente no se equivocaban quienes en época de elecciones se referían a Mockus como "el cuarto candidato uribista".

Pero Mockus no es el único a ese lado de la orilla. La bancada del Partido de la U ha hecho explícito su inconformismo por la presencia del Partido Liberal y Cambio Radical en la Unidad Nacional lo cual, aducen, es una afrenta al "legado" de Uribe. Igualmente, en un reciente informe La Silla Vacía muestra la molestia que ha generado Juan Manuel Santos en varios sectores de ultra-derecha; algo impensable en tiempos de su antecesor. Así, ilustra las críticas de personalidades como Fernando Londoño y Enrique Gómez Hurtado al acercamiento entre Santos y Chávez, al igual que contra algunos de los proyectos estrella del gobierno como la Ley de Víctimas y la Ley de Tierras, a causa de su costo financiero. Otras críticas de origen similar son la elección de la terna para Fiscal, su "falta de lealtad" para con Uribe y sus devaneos con proyectos que califican como "de izquierda". Los conservadores, por su parte, están tan cómodos que esta semana propusieron un proyecto de ley para penalizar el aborto incluso en los tres casos en que actualmente se permite. ¡Bienvenidos a la edad media!

¿Y qué pasa al otro lado del espectro político? El acercamiento de Gustavo Petro a Juan Manuel Santos tras la elección de éste como mandatario de los colombianos, la decisión del Polo Democrático de no elegir a Petro como presidente de la colectividad y el inconformismo de éste ante la negativa de su partido, han tenido un efecto significativo sobre el papel de la oposición en este gobierno. A esto se le suman los escándalos desatados a partir del "carrusel de la contratación" que al principio parecía un problema exclusivo de la actual administración de Bogotá, pero del que ya hemos conocido su magnitud nacional, y los papeles de  los  gobiernos de Samuel Moreno -a nivel local- y de Alvaro Uribe -a nivel nacional- en la adjudicación de contratos y favorecimiento a los grupos empresariales responsables del descalabro. Sin duda, el papel de Gustavo Petro en las revelaciones sobre estos temas y sus ataques a Samuel e Iván Moreno, han marcado importantes diferencias al interior del Polo que ya algunos consideran insuperables.

Con la derecha y los Verdes añorando lo que pensaban sería el período de Uribe III, y el Polo dividido por sus pugnas internas, ¿dónde queda la verdadera oposición al gobierno de Juan Manuel Santos? Sería iluso pensar que el gobierno está haciendo las cosas tan bien que  el país simplemente no necesita oposición. Más aún, es claro que aparte de los avances obvios logrados por Santos frente a los anteriores ocho años de oscurantismo político, pareciera que los medios están más ocupados con los escándalos del gobierno anterior que poco a poco salen a la luz pública, que con los desaciertos del gobierno actual. Es claro que un elemento fundamental para el fortalecimiento de una democracia es el papel dinámico, crítico e independiente de la oposición (algo que claramente Uribe nunca entendió). Que el gobierno sea respetuoso de la oposición no es un logro en sí mismo, como se le está concediendo al gobierno de Santos; por el contrario, es una condición mínima para hablar de una democracia que merezca su nombre.

Así, es de destacar el papel casi solitario que algunos Senadores y Representantes del Polo Democrático como Jorge Robledo e Iván Cepeda han jugado al mostrar las fallas del gobierno actual. Sus posiciones en temas trascendentales de la vida del país deben ser entendidas como una señal de que las cosas no son como nos dicen las encuestas de popularidad; esto ya deberíamos haberlo aprendido. Su crítica ha girado en torno a temas como la reforma al modelo educativo según la cual la educación pasa de ser un derecho a ser una mercancía; el énfasis en la minería como "locomotora" del desarrollo en Colombia – con los costos humanos, ambientales y en términos de desarrollo de largo plazo que esto implica; las limitaciones y condicionamientos de la Ley de Víctimas en la versión llevada a la Cámara de Representantes en días pasados; el principio de sostenibilidad fiscal; y las prácticas del Fondo Agropecuario de Garantías –según Robledo, un escándalo mayor que el de Agro Ingreso Seguro.

En un país como Colombia las cosas no son color de rosa, y en lugar de atender a los cantos de sirena del gobierno actual, más vale mantener una posición independiente y crítica frente a la realidad política. Recordemos que la actitud condescendiente frente al gobierno pasado fue aprovechada para llevar a cabo todos los hechos que hoy generan tantos escándalos y que nos hacen reflexionar acerca del régimen que nos gobernó por ocho años. Ilusionarnos con un cambio de imagen y olvidarnos del pasado no es la clave para que estos u otros nuevos hechos oscuros no se repitan. Colombia se merece un buen gobierno; seguro. Pero no puede haber un buen gobierno sin una buena oposición. ¿Será que estamos esperando a que sea la derecha  la que juegue este papel?

Thursday, November 11, 2010

Una de las "locomotoras" del gobierno de Santos.

Friday, November 5, 2010

"Democratic Peace" and Central America - Part I

-Immanuel Kant-
In his influential 1795 essay, Perpetual Peace, Immanuel Kant argued that in an international setting, a state that guarantees the principles of freedom, independence and equality is a necessary condition to achieve a true peace - a "perpetual peace". Under these conditions, when citizens are the ones who must weigh the costs of going to war, its difficulties and the fact that they are the ones who must fight it, they will always prefer peace to war. By contrast, in situations where is only a head of state the one who has to make this decision, going to war is much easier, since the ruler does not evaluate each of those consequences in the same way as citizens do. While Kant did not speak of democracies, but instead of constitutional republics -understood as states where the branches of power are separated- his arguments have led to what today is known as the Democratic Peace Theory: two democratic states do not go to war with one another.

The theory has been subjected to various empirical studies over the past decades and has generally left unscathed. Although many democratic states have been involved in various conflicts throughout history, these conflicts are, with a few exceptions, against undemocratic regimes. It is not surprising, then, to see authoritarian regimes fighting one another, (eg. Iran and Iraq during the eighties), or weighing war against democratic societies, not necessarily caused by those (eg. Iraq and the United States in the last two decades.) Following this line of analysis, it is not surprising to see the extent to which un-democratizing societies, increase the likelihood of going to war with others. Take the example of Venezuela and Colombia in recent years: while each of these countries watched their democratic institutions deteriorating, they increased the risk of entering into an armed confrontation.

The situation we see today between Costa Rica and Nicaragua, does not escape from this scenario. Costa Rica has been a country with a democratic history dating back to the last decade of the nineteenth century; no major domestic problems have threatened its political stability and  it has reached the point of considering not to need an army, but instead relying on multilateralism in the case of a possible aggression against its sovereignty. Nicaragua, meanwhile, has been a country with a very limited democratic experience; its process of democratization began in 1979 but still lacks basic political institutions. However, and despite the advances achieved in recent decades, during recent months Nicaragua has faced a series of maneuvers by the elite that governs it and seeks to perpetuate itself in power.

As we have seen, as democracy gives its way the likelihood of international conflict increases. In the latest days we have seen the development of a border dispute about the sovereignty over some parts of the San Juan River, which partially determines the borderline between the two Central American countries. Therefore, what Costa Rica considers an invasion of its territory, is regarded by Nicaragua as part of a plan to dredge the Rio San Juan and thus attract tourism. Similarly, Costa Rica condemns the environmental damage that its northern neighbor has caused and says the operations in the river are an attempt to change its course and, thus, change the border between the two countries, certainly in favor of Nicaragua.

Following the escalation in tension between the two countries -the Nicaraguan army and Costa Rican police troops have been moved to the border- the case has been brought to the Organization of American States (OAS), which has been successful in resolving conflicts between countries in the region. Thus, the OAS requested Managua to withdraw its troops from the border and stop any work that affects the territorial integrity of Costa Rican or its environmental heritage. Nicaragua justifies the presence of the army in this area as part of the war against drugs.

The text was rejected by Nicaragua on the grounds that the OAS has no jurisdiction over these matters and that it is the International Court of Justice (ICJ) the one that must make a decision in this case. It is worth noting that the dispute over the sovereignty of the Rio San Juan dates back to 1858, and last year the ICJ recognized the sovereignty of Nicaragua, but also perpetuated the right of navigation of Costa Rica for a distance of 140km.

The latest party involved in this dispute has been the company Google because, according to the Nicaraguan version, the so-called "invasion" to Costa Rica was due to an error in Google Maps, issue on which the company has remained silent.

The events in this matter are still developing which means that any conclusions drawn from it may be premature. What does call the attention is the reappearance of differences between these two countries and even the likelihood of a conflict, precisely at a time when one of the parties involved performs important political changes that undermine democracy. This type of events and their possible consequences -which hopefully will be avoided- invites to a serious reflection about the support offered to some authoritarian regimes, backed up by majorities who prefer a leader over the institutions of a country -this is not even true in many cases. We will certainly have a chance to see how these events develop.

"La Paz Democrática" y Centroamérica - Parte I

-Immanuel Kant-
En su influyente ensayo de 1795, la Paz Perpetua, Immanuel Kant argumentaba que en un escenario internacional, un Estado que garantice los principios de libertad, independencia e igualdad, es una condición necesaria para alcanzar una verdadera paz - una "paz perpetua". Bajo estas condiciones, y al ser los ciudadanos quienes deben sopesar los costos de ir a una guerra, sus dificultades y el hecho de que sean ellos mismos quienes deban pelearla, éstos siempre preferirán la paz al conflicto. Por el contrario, en situaciones donde es sólo un jefe de Estado quien debe tomar esta decisión -como en los regímenes autoritarios-, ir a la guerra es mucho más fácil ya que éste gobernante no evalúa cada una de las consecuencias anteriores de la misma forma como lo harían sus ciudadanos. Si bien Kant no hablaba de democracias, sino de repúblicas constitucionales -entendidas como Estados donde las ramas del poder están separadas-, sus planteamientos han dado lugar a lo que hoy se conoce como la Teoría de la Paz Democrática: dos Estados democráticos no van a una guerra entre ellos.

El argumento ha sido sometido a diferentes estudios empíricos a lo largo de las últimas décadas y en general ha salido bien librado. A pesar de que múltiples Estados democráticos se han visto involucrados en diferentes conflictos a lo largo de la historia, estos conflictos son, salvo contadas excepciones, en contra de regímenes no democráticos. No es sorprendente, entonces, ver cómo regímenes autoritarios se enfrentan entre sí (por ejemplo Irán e Iraq durante los ochenta) o entran en conflicto con sociedades democráticas -no necesariamente provocados por aquellos (Iraq y los Estados Unidos en las dos últimas décadas). Siguiendo con esta línea de análisis, no sorprende tampoco ver cómo, en la medida en que las sociedades se des-democratizan, se incrementa la probabilidad de que entren en conflicto con otras. Tomemos como ejemplo el caso de Venezuela y Colombia durante los últimos años: mientras cada una de estas sociedades veía cómo sus instituciones democráticas se deterioraban, se incrementaba el riesgo de que entraran en una confrontación armada.

La situación que vemos hoy entre Costa Rica y Nicaragua, no se escapa de este escenario. Costa Rica ha sido un país con un historial democrático que se remonta a la última década del siglo XIX, sin mayores problemas domésticos que amenacen su estabilidad política y ha llegado al punto de no considerar necesario un ejército, sino que confía en el multilateralismo en caso de una posible agresión en contra de su soberanía. Nicaragua, por su parte, ha sido un país con una limitada experiencia democrática, con un proceso de democratización que comienza en 1979 pero que aún carece de instituciones políticas básicas; sin embargo, y a pesar de los alcances logrados en las últimas décadas, en los meses recientes Nicaragua ha enfrentado una serie de maniobras por parte de la elite que lo gobierna, y que busca perpetuarse en el poder.

Como hemos visto, no es sorprendente que en la medida en que la democracia cede terreno, la probabilidad de un conflicto internacional aumente. En los últimos días se ha llevado a cabo una disputa fronteriza acerca de la soberanía sobre algunos tramos del Río San Juan, que determina parte de la frontera entre los dos países centroamericanos. Así, lo que Costa Rica considera una invasión a su territorio, es considerado por Nicaragua como parte de un plan para dragar el Río San Juan y de esta forma atraer turismo. Igualmente, Costa Rica condena el daño ambiental que su vecino del norte ha causado y señala las operaciones en el río como un intento por cambiar su cauce y, así, cambiar la frontera entre los dos países, desde luego a beneficio de Nicaragua.

Tras el escalamiento en la tensión entre los dos países -tropas nicaragüenses y policía costarricense se han movido a la frontera- el caso ya ha sido llevado ante la Organización de Estados Americanos (OEA) que en ocasiones pasadas ha sido exitosa en resolver conflictos entre países de la región. Así, la OEA le solicitó a Managua que retire sus tropas de la frontera y que suspenda cualquier obra que afecte la integridad territorial o el patrimonio ambiental costarricense -Nicaragua justifica la presencia de su ejército en el área como parte de la lucha contra el narcotráfico.

El texto fue rechazado por Nicaragua con el argumento de que la OEA no tiene competencia sobre estos asuntos y que es la Corte Internacional de Justicia (CIJ) quien debe tomar una decisión en este caso. Vale la pena señalar que la disputa por la soberanía del Rio San Juan se remonta a 1858, y que el año pasado, la CIJ le reconoció la soberanía a Nicaragua aunque también perpetuó el derecho de navegación de Costa Rica en un trecho de 140km.

El más reciente vinculado a esta disputa ha sido la compañía Google ya que, de acuerdo a la versión nicaragüense, la llamada "invasión" a Costa Rica se debería a un error en Google Maps, ante lo cual la compañía ha guardado silencio.

Los sucesos en este asunto aún están en desarrollo lo que implica que cualquier conclusión puede ser prematura. Lo que sí llama la atención es la reaparición de diferencias entre estos países con conatos de conflicto precisamente en un momento donde uno de los involucrados lleva a cabo importantes cambios políticos que atentan contra la democracia. Este tipo de sucesos y sus posibles consecuencias -que ojalá se eviten- invita a una seria reflexión acerca del apoyo que reciben regímenes autoritarios respaldados por mayorías que prefieren a un líder por encima de la institucionalidad de un país -esto a veces ni siquiera es cierto. Ya tendremos oportunidad de ver cómo avanzan estos hechos.

Sunday, October 31, 2010

Some Thoughts on Referendums and Human Rights in Uruguay

One of the most complex problems for democratic societies is that of learning how to live with their past. This is particularly difficult when that past is full of atrocities including torture, disappearances, cases of sexual abuse, assassinations or any other systematic violations of human rights. During the military dictatorships of the seventies and eighties, the southern cone countries were victims of these facts and are still struggling to settle their accounts with that tortuous past. The latest weeks these weeks, we have seen Uruguay taking up the debate on the Expiry Law that blocks the investigation of members of the police and armed forces for the crimes committed from 1973 to 1985.

During these years, the Uruguayan armed forces -as a part of Operation Condor, led by Chile- took control of the various aspects of the life of the country, which sought to contain the spread of communism in the region. According to these standards, the case of Uruguay is not as dramatic as that of its neighbors, as the most common crimes by the state were "only" torture and unjust imprisonment, instead of massacres and disappearances as in the case of Argentina or Chile, for instance. However, according to some studies, the balance left by the dictatorship was the highest rate of political prisoners in the world, most of whom were tortured, as well as a large number of dead and desaparecidos.

Unlike the case of Argentina, where the military ceded power in a weak position after the defeat in the Falklands war, in Uruguay the power shift to civilian hands was primarily a negotiated agreement between equal partners. As a result, the military was able to impose drastic conditions, including the promulgation of the Expiry Law. This not only sought to equate the Amnesty Law that protected political prisoners, but that also meant a closure with the past, that is, an act of oblivion for the crimes of the dictatorship. Julio Maria Sanguinetti, president from 1985 to 1990 and from 1995 to 2000, believes the Expiry Law was necessary to ensure the consolidation of democracy in Uruguay, a view shared by large sectors of the population.

However, several civil society initiatives supported by international organizations of human rights, promoted a referendum in 1989 on the ratification of the controversial law. At that time the anti-impunity campaign lost the referendum by a vote of 56% to 44%, so it was considered that the crimes committed by state agents during the dictatorship would remain unpunished. Despite this defeat, the organizations of families of the victims of these crimes continued their mobilization. With the coming to power of leftist governments, they manage to call another referendum in 2009 that also failed to achieve the vote required to repeal the law.

The debate that we see these days in Uruguay is about the possibility of repealing the Expiry Act , this time not through a plebiscite, but by Congress. The position taken on this issue will be a major reference point for other countries in similar transitions like the one of Uruguay. However, there are several problems. On the one hand there is the decision of the primary constituent that in two occasions has rejected the repeal of the law; that could be taken as a clear decision of the people to close their accounts with the past. For some legislators, a decision different to this means ignoring the people's opinion and thereby overriding any democratic principle. The opposite argument is the recognition of the crimes committed by state agents during the years of dictatorship and a lawsuit against it by the Inter-American Commission on Human Rights (IACHR), which begins hearing on November 15.

It has been emphasized that the search for Truth, Justice and Reparation is a transcendental condition when talking about processes of transition and consolidation of democracy as in processes of transition from a war situation to one of peace. Not only this, the IACHR considers that "...amnesty provisions are unacceptable, as well as provisions on prescription and the establishment of exemptions from liability that prevent the investigation and punishment of those responsible for serious violations of human rights such as torture, extrajudicial, summary or arbitrary execution and forced disappearance, all of them prohibited because they violate non-derogable rights recognized by the International Law of Human Rights "(1).

Given this, an eventual vote in Congress against the Expiry Law does not mean turning over democracy, as it has been made to believe in several media: all the contrary. Not only a true democracy is one that respects minorities -in this case the victims of State crimes and their families- but peace can only be guaranteed when the causes of violence have been clarified, when the truth of what happened has been established,  and when the necessary measures to compensate the victims have been adopted (2). Keeping the Expiry Law prevents that these three components are actually met, and makes it impossible for the victims and their families to make a real closing of accounts with the past. Thus, out of respect for true democracy, as a mechanism to guarantee peace, and as an example to other regimes with similar histories, the rejection of the Expiry Law is a necessary step in Uruguay. No matter if the majority think otherwise.

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Thanks to Mauricio Pérez and Bernardo Vela for their discussions with me on these topics, and for helping me clarify some legal concepts on the topics dealt with in this article. Any mistake or omission is my total responsibility.

(1) Cited in Vela, B. and Duarte, J. (2007) ¿Política de Estado de Paz o Política de Gubernamental de desmovilización? El conflicto armado colombiano y la precaria situación de las víctimas. En: Cátedra Unesco. Derechos Humanos y Violencia: Gobierno y Gobernanza. El desplazamiento forzado interno en Colombia un desafío a los derechos humanos.

(2) Ibid.

Thursday, October 28, 2010

Reflexiones Sobre Referendos y Derechos Humanos en Uruguay

Uno de los problemas más complejos de las sociedades democráticas es aprender a vivir con su pasado. Esto es particularmente difícil cuando ese pasado se encuentra lleno de hechos atroces como torturas, desapariciones forzadas, casos de abuso sexual, asesinatos selectivos o cualquier otro tipo de violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Los países del cono sur, durante las dictaduras militares de los años setenta y ochenta, fueron víctimas de estos hechos y aún hoy luchan por arreglar sus cuentas con ese pasado tortuoso. Durante estas semanas, Uruguay retoma el debate acerca de la Ley de Caducidad por medio de la cual se bloquea la investigación a miembros de la policía y las fuerzas armadas por los delitos cometidos de 1973 a 1985.

Durante estos años, las fuerzas armadas uruguayas -como parte del Plan Cóndor, liderado por Chile- tomaron control de los diferentes aspectos de la vida del país, con lo cual se buscaba contener el avance del comunismo en varios países de la región. De acuerdo con estos estándares, el caso de Uruguay no es tan dramático como el de sus vecinos, ya que los crímenes más comunes por parte del Estado fueron "sólo" torturas y encarcelamientos injustificados, y no masacres y desapariciones como en los casos de Argentina o Chile, por ejemplo. No obstante, de acuerdo con algunos estudios, el saldo que dejó la dictadura fue la mayor tasa de prisioneros políticos del mundo, la mayoría de los cuales fueron torturados, al igual que un importante número de muertos y desaparecidos.

A diferencia del caso Argentino, donde los militares cedieron el poder en una posición de debilidad tras la derrota en la guerra de las Malvinas, en Uruguay el paso del poder a manos civiles fue principalmente un acuerdo negociado entre partes iguales. Como consecuencia de esto, los militares estuvieron en capacidad de imponer condiciones drásticas para su renuncia al poder, en particular, la promulgación de la Ley de Caducidad. Esta no sólo buscaba equiparar la Ley de Amnistía que cobijaba a los presos políticos, sino que significaba un cierre de cuentas con el pasado; es decir, una ley de olvido por los crímenes de la dictadura. Julio María Sanguinetti, quien preside el país de 1985 a 1990 y de 1995 a 2000, considera que la Ley de Caducidad era necesaria para garantizar la consolidación de la democracia uruguaya, opinión que es compartida por amplios sectores de la población.

No obstante, varias iniciativas de la sociedad civil, respaldadas por organizaciones internacionales en defensa de los derechos humanos, promueven un referendo en 1989 acerca de la ratificación de la controvertida ley. En ese momento la campaña anti-impunidad pierde el referendo por una votación de 56% a 44%, por lo cual se considera que los crímenes cometidos por agentes del Estado durante la dictadura quedarían impunes. A pesar de esta derrota, las organizaciones de familiares de las víctimas de estos crímenes continúan su movilización. Con la llegada al poder de gobiernos de izquierda, logran convocar otro referendo en 2009 que también fracasaría en alcanzar la votación necesaria para la derogación de la ley.

El debate que vemos durante estos días en Uruguay es acerca de la posibilidad de derogar la Ley de Caducidad ya no por medio de un plebiscito, sino por decisión del Congreso. La posición que se tome frente a este tema significará un importante punto de referencia para otros países en procesos de transición similares al uruguayo. Sin embargo, aparecen varios problemas. Por un lado se encuentra la decisión del constituyente primario que en dos ocasiones ha rechazado la derogación de la ley; esto podría tomarse como una clara decisión del pueblo de cerrar sus cuentas con el pasado. Para algunos congresistas, tomar una decisión contraria a esta es ignorar la opinión del pueblo y, de esa manera, pasar por encima cualquier principio democrático. El argumento opuesto radica en el reconocimiento de los crímenes cometidos por agentes del Estado durante los años de la dictadura y una demanda contra el mismo por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la cual se inicia audiencia el próximo 15 de noviembre.

Se ha enfatizado que la búsqueda de la Verdad, Justicia y Reparación es una condición trascendental al hablar de procesos de transición y consolidación de la democracia, al igual que en procesos de transición de una situación de guerra a una de paz. No sólo esto; la CIDH considera que "...son inadmisibles las disposiciones de amnistía, las disposiciones de prescripción y el establecimiento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impedir la investigación y sanción de los responsables de las violaciones graves de los derechos humanos tales como la tortura, las ejecuciones sumarias, extralegales o arbitrarias y las desapariciones forzadas, todas ellas prohibidas por contravenir derechos inderogables reconocidos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos" (1).

Teniendo en cuenta esto, una eventual votación del Congreso en contra de la Ley de Caducidad no significa pasar por encima de la democracia, como se ha hecho creer en varios medios: todo lo contrario. No sólo una verdadera democracia es aquella que respeta a las minorías -en este caso las víctimas de los crímenes de Estado y sus familiares- sino que la paz sólo se garantiza cuando se esclarecen las causas de la violencia, se establece la verdad de lo sucedido y se adoptan las medidas necesarias para reparar a las víctimas (2). Mantener la Ley de Caducidad impide que estos tres componentes realmente se cumplan, e imposibilita a las víctimas y sus familiares hacer un verdadero cierre de cuentas con ese difícil pasado. Así, por respeto a una verdadera democracia, como mecanismo de garantías para la paz y como ejemplo frente a otros regímenes con historiales similares, el rechazo a la Ley de Caducidad es un paso necesario en Uruguay. No importa si las mayorías piensan lo contrario.

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Agradezco la discusión de estos temas con Mauricio Pérez y Bernardo Vela, quienes me esclarecieron algunos conceptos legales sobre los temas aquí tratados. Cualquier error u omisión es mi total responsabilidad.

(1) Citado en Vela, B. y Duarte, J. (2007) ¿Política de Estado de Paz o Política de Gubernamental de desmovilización? El conflicto armado colombiano y la precaria situación de las víctimas. En: Cátedra Unesco. Derechos Humanos y Violencia: Gobierno y Gobernanza. El desplazamiento forzado interno en Colombia un desafío a los derechos humanos.
(2) Ibid.

Wednesday, October 20, 2010

Cuando los Valores Chocan con la Economía: Elecciones y Aborto en Brasil y los Estados Unidos

-Karl Marx y Max Weber-
Sin duda alguna Marx y Weber estarían bastante entretenidos viendo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil y las de mitad de período en los Estados Unidos. En el país suramericano, tras el paso de los candidatos Dilma Rouseff y José Serra a  segunda vuelta, la atención ha girado en torno a un tema bastante controversial: el aborto. De forma similar, este tema ocupa un lugar importante en el discurso de varios candidatos al Congreso y Gobernaciones en los Estados Unidos, y afecta directamente las preferencias de amplios sectores del electorado. Pero, ¿qué tienen que ver Marx y Weber en todo esto?

Estos dos pensadores tenían visiones diferentes acerca de la relación existente entre las variables culturales, económicas y políticas. Para Marx, las condiciones económicas de la sociedad determinan sus características políticas y culturales. Para Weber, por el contrario, la cultura de una sociedad influencia su vida económica y política (aunque no descarta que estas también influencien a aquella). En términos de variables culturales, son de trascendental importancia la religión, la moral que ésta determina y las posiciones que promueve frente a temas como el aborto.

En el caso de Brasil, la campaña de José Serra, candidato del Partido Social Demócrata, ha aireado la posición de su rival frente al aborto. Así, Serra ha llamado la atención del electorado diciendo que Rouseff, de ser elegida, legalizaría el aborto en el país suramericano. Esto ha puesto a dudar a muchos brasileros; tanto, que de acuerdo a las más recientes encuestas, la una vez amplia ventaja que favorecía a Rouseff, se ha reducido de forma significativa en las últimas semanas. La atención a los temas económicos y la agenda social que Rouseff propone han pasado a un segundo plano, siendo desplazados en la opinión pública por las posiciones frente al aborto. Es de destacar que este cambio de prioridades se da en una coyuntura de progreso económico y social, en un país que ha manejado de forma exitosa los efectos de la crisis financiera reciente.

-Carl Paladino (R) and Mario Cuomo (D);
candidatos a la Gobernación de Nueva York-
En los Estados Unidos, con una legislación frente al aborto mucho más laxa que la brasilera, la iniciativa hacia el tema ha sido promovida por varias campañas de candidatos demócratas. En éstas se alerta al electorado diciendo que la agenda republicana es conservadora tanto a nivel económico como a nivel social. Lo anterior significa el señalamiento de una importante oposición al aborto por parte de los candidatos republicanos que resulten elegidos. Ante esto, los republicanos han acusado a sus rivales de cambiar el centro de la agenda, el cual, en su opinión, debe ser casi de forma exclusiva, de carácter económico. La diferencia con el caso brasilero es que la agenda que enfatiza aspectos culturales -la defensa de la libre elección frente al aborto, en este caso- es promovida en un período de crisis económica, con altos niveles de desempleo e insatisfacción frente a la ineficiencia del incremento en el gasto.

Entonces, ¿serán en últimas, las condiciones económicas o, por el contrario, las culturales, las que determinen los resultados políticos en estos países? De acuerdo a Ronald Inglehart, Profesor de Ciencia Política de la Universidad de Michigan, un factor clave a tener en cuenta en esta discusión es la percepción relativa de inseguridad. Sociedades subjetivamente más seguras ponen un mayor énfasis en variables culturales y en valores post-materiales relacionados con la libertad de elección, al tiempo que reducen su respeto por la autoridad religiosa. Por el contrario, sociedades subjetivamente inseguras, muestran un rechazo por los valores post-modernos, al tiempo que centran su objetivo en la maximización del bienestar económico.

Los logros de Brasil en los últimos años en términos de crecimiento económico, reducción de la pobreza y de la desigualdad, hacen pensar que esta es una sociedad relativamente segura que empieza a poner menor énfasis en valores tradicionales y por consiguiente a responder en menor medida a aquellos valores promovidos por la iglesia. Por el contrario, la crisis financiera en los Estados Unidos y sus consecuencias en materia de desempleo e inestabilidad económica, indican que en este momento esta es una sociedad relativamente insegura. Esto hace pensar que la atención a temas económicos y el apego a valores tradicionales seguirán jugando un papel importante en las presentes elecciones. Evidencia de lo anterior es la creciente presencia del ultra-conservador Tea Party durante los últimos meses.

Así las cosas, esperaríamos un menor papel del discurso tradicional en contra del aborto en Brasil, dándole la presidencia a Dilma Rouseff. Al mismo tiempo, esperaríamos un importante papel del discurso económico en los Estados Unidos, acompañado de una menor atención al discurso de la libre elección en materia de aborto y otros temas similares. Esto, desde luego, significaría una gran derrota para el partido demócrata. Por paradójico que suene, los republicanos parecen estar siguiendo de cerca el discurso de Marx.
-Dilma Rouseff y José Serra-

When Values Clash With the Economy: Elections and Abortion in Brazil and the United States

-Karl Marx and Max Weber-
No doubt Marx and Weber would be quite entertained watching the second round of the Presidential elections in Brazil and the mid-term elections in the United States. In the South American country, after Dilma Rousseff and Jose Serra passed to the run-off, the attention has revolved around a fairly controversial issue: abortion. Similarly, this issue occupies an important place in the discourse of several candidates for Congress and governors in the United States. It also affects directly the preferences of large segments of the electorate. But, what do Marx and Weber have to do with this?

These two thinkers had different views about the relationship between cultural, political and economic variables. For Marx, the economic conditions of a society determine its political and cultural characteristics. For Weber, on the contrary, the culture of a society influences its economic and political life (although he does not exclude the reverse possibility). In terms of cultural variables, religion, its morality and the positions it promotes in issues such as abortion, are of vital importance.

In the case of Brazil, the campaign of José Serra, candidate of the Social Democratic Party, has aired his rival's position on abortion. Thus, Serra has called the attention of the electorate saying that Rouseff, if successful, would legalize abortion in the South American country. This has make many Brazilians doubt, so much, that according to recent surveys, the once wide lead favoring Rouseff has declined significantly in the late weeks. The attention to economic issues and the social agenda proposed by Rouseff have passed to the background, being displaced in the public opinion by the positions on abortion. It is noteworthy that this shift in priorities is given in a context of economic and social progress, in a country that has successfully managed the impact of the recent financial crisis.

-Carl Paladino (R) and Mario Cuomo (D);
candidates for New York Governor-
In the United States, with a more tolerant legislation on abortion than the one of Brazil, the initiatives toward the issue have been promoted by various campaigns of Democratic candidates. In warning the electorate, they have said that the Republican agenda is conservative both economically and socially, which means a major opposition to abortion by the Republican candidates that result elected. Given this, the Republicans have accused their opponents of changing the center of the agenda, which, in their opinion, should be almost exclusively economic in nature. The difference with the Brazilian case is that the agenda that emphasizes cultural aspects -the defense of free choice on abortion- is promoted in a period of economic crisis, with high levels of unemployment and dissatisfaction with the inefficiency of the increase in spending.

So, will it be the economic conditions or, instead, the cultural ones, those that determine the political outcomes in these countries? According to Ronald Inglehart, Professor of Political Science at the University of Michigan, a key factor to consider in this discussion is the  relative perception of insecurity. More subjectively secure societies place greater emphasis on cultural variables and post-material values related to freedom of choice, while reducing their respect for religious authority. By contrast, subjectively insecure societies show a rejection of post-modern values, while focusing their objectives on the maximization of economic welfare.

Brazil achievements in recent years in terms of economic growth, and reduction of poverty and inequality, suggest that this is a relatively secure society, which begins to put less emphasis on traditional values and, therefore, responds less to those values promoted by the church. On the contrary, the financial crisis in the United States and its impact on unemployment and economic instability, indicate that right now this is a relatively insecure society. This also suggests that the attention to economic issues and the adherence to traditional values will continue playing an important role in the forthcoming elections. Evidence of this has been the growing presence of the ultra-conservative Tea Party in the late months.

All in all, we should expect a minor role of the traditional discourse on abortion in Brazil, giving the presidency to Dilma Rousseff. At the same time, we should expect an important role of the economic discourse in the United States, accompanied by less attention to the discourse on free choice about abortion and other similar issues. This, of course, would mean a major defeat for the Democratic Party. Paradoxical as it may sound, the Republicans seem to be following closely the ideas of Marx. 
-Dilma Rouseff and Jose Serra-

Thursday, October 14, 2010

Nicaragua: Ortega Contra la Democracia

Hace tres semanas, en mi comentario al libro de Leslie E. Anderson, hacía referencia a algunos aspectos que la autora considera importantes acerca del Sandinismo. Destaca, en particular, la ausencia de líderes carismáticos dentro del movimiento, así como la forma en que este promovía la construcción de capital social entre la población: desarrollo de lazos fuertes entre ciudadanos en lugar de responder a los vaivenes de los intereses de un caudillo. Sin duda alguna esta situación ha dejado de ser así en el país centroamericano desde hace varios años. La creciente presencia de Daniel Ortega en la política nicaragüense, su claro interés de perpetuarse en el poder, los decretos que ha emitido y otras decisiones unilaterales a fin de lograr esto, dan prueba de ello.

El pasado mes de enero, el gobierno nicaragüense decretó la prórroga del mandato de funcionarios del Consejo Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia, lo que le permitirá al ejecutivo controlar las entidades que fiscalizarán las elecciones de noviembre de 2011. Ante esta decisión, que en condiciones normales debía haber pasado por la Asamblea Nacional, seis magistrados cercanos a la oposición entraron en huelga hace dos meses. Esta semana, cinco de los seis magistrados en huelga se reintegraron a la Corte Suprema de Justicia lo que supone un triunfo para el presidente Daniel Ortega, quien con estos hechos supera uno de los mayores obstáculos que tenía para perpetuarse en el poder. Complica las cosas la exclusión de la agenda legislativa del proyecto de nulidad del decreto en cuestión (el "decretazo"), así como la negativa del presidente de dialogar con sectores de oposición acerca de la transparencia electoral, lo que ha provocado la convocatoria a marchas de protesta a nivel nacional.

En términos generales, se ha insistido en que la democracia funciona mejor cuando surge de los mismos ciudadanos, cuando estos desarrollan actividades que los "acostumbran" a los mecanismos democráticos y cuando son estos quienes deciden organizarse políticamente. Sin embargo, existe la posibilidad de que ante la ausencia de este tipo de capital social, las instituciones políticas asuman el rol democratizador de la sociedad. Un ejemplo de esto es el papel de las cortes y el Congreso argentino en el retorno a la democracia de este país en 1983, o la decisión de la Corte Constitucional de Colombia de bloquear el intento de reelección de Alvaro Uribe, ante el intento de este de perpetuarse en el poder. Así, la independencia de las cortes y de la rama legislativa son garantes de que las prácticas democráticas no queden totalmente eliminadas tras la aparición de caudillos que buscan manipular las leyes a su antojo. Si bien Nicaragua se caracteriza por tener altos niveles de capital social, las transformaciones políticas que el país ha vivido en los últimos años hacen pensar en la necesidad de ramas del poder fuertes e independientes del ejecutivo, que garanticen la continuidad en su proceso de democratización. Desafortunadamente, Nicaragua también se ha caracterizado históricamente por la debilidad de sus instituciones políticas.

Lo dramático de la situación que estamos viendo hoy en el país centroamericano es la combinación del fortalecimiento de un líder carismático, acompañada de un importante debilitamiento de al menos una de las ramas del poder. Volviendo sobre la reciente experiencia de hace un par de semanas en Ecuador, no es nada promisorio el futuro de una democracia donde sus líderes son los primeros en tener poco respeto por ella y por sus reglas. Con este comportamiento, implícitamente invitan a la ciudadanía y a sectores inconformes a hacer lo mismo. Como ya sabemos, los resultados de este tipo de prácticas son siempre lamentables. La decisión de los magistrados nicaragüenses de volver a sus puestos, y de la oposición de excluir el proyecto de ley de nulidad del "decretazo" fortalece a Ortega notablemente, al tiempo que significa un duro golpe contra la democracia nicaragüense. Queda por ver si la sociedad nicaragüense responde una vez más en defensa de la democracia, tal como lo ha sabido hacer en ocasiones anteriores.

Enlaces interesantes sobre este tema:

Nicaragua: Ortega Against Democracy

Three weeks ago, in my commentary on the book of Leslie E. Anderson, I referred to some issues that the author considers important about the Sandinistas. In particular, she underlies the absence of charismatic leaders within the movement and the way it promoted the building of social capital among the population: developing strong ties between citizens, instead of responding to the fluctuations in the interests of a leader. Undoubtedly, this situation is no longer the case in the Central American country. The growing presence of Daniel Ortega in Nicaraguan politics, his clear interest in perpetuating himself in power, the decrees issued as well as other unilateral decisions in order to achieve it, are all evidence of this.

Last January, the Nicaraguan government decreed the extension of the mandate of the Supreme Electoral Council officials and the Supreme Court of Justice, which will allow the executive to control the entities that will supervise the elections of November 2011. Given this decision, which in normal conditions should have passed through the National Assembly, six judges close to the opposition went on strike two months ago. This week, five of the six judges on strike returned to the Supreme Court which is considered a victory for President Daniel Ortega, who now overcomes one of the major obstacles he had to remain in power. Things are further complicated by the exclusion from the legislative agenda the proposal of revocation of the decree in question (the "decretazo") and the President's refusal to dialogue with sectors of the opposition about electoral transparency. All this has led the call to nationwide protest.

Overall, it has been emphasized that democracy works best when it comes from the citizens themselves, when they perform activities that make them used to democratic mechanisms and when they autonomously decide to organize politically. However, there is the possibility that in the absence of such social capital, political institutions assume the role of democratizing society. An example of this is the role of the courts and the Argentine Congress in the return to democracy in this country in 1983, or the decision of the Constitutional Court of Colombia to block the re-election bid of President Alvaro Uribe, before his intent to remaining in power. Thus, the independence of the courts and the legislative branch are the guarantors that democratic practices are not completely eliminated after the emergence of caudillos who seek to manipulate the law at their will. Although Nicaragua is characterized by high levels of social capital, the political transformations the country has experienced in recent years suggest the need for stronger branches of power, independent from the executive, to ensure continuity in its  democratization process. Unfortunately, Nicaragua has also been historically characterized by its weak political institutions.

The dramatic nature of the situation we are seeing today in the Central American country is the combination of the strengthening of a charismatic leader, accompanied by a significant weakening of at least one of the branches of power. Turning to the recent experience of a couple of weeks ago in Ecuador, the future of a democracy where the leaders are the first to have little respect for it and its rules is not promising. With this behavior, they are implicitly inviting citizens and disgruntled sectors to do the same. As we know, the results of these practices are always regrettable. The decision of the Nicaraguan judges to return to their posts, and of the opposition to exclude the bill declaring the nullity of the "decretazo" strengthens Ortega significantly, while gives a harsh blow to democracy in Nicaragua. We are yet to see whether the Nicaraguan society responds once more in defense of democracy, as it has done it in the past.

Wednesday, October 13, 2010

The Simpsons, More Realist than Ever!